Centrál Kávehaz, el esplendor de los cafés centroeuropeos

Exterior del Céntral Kávehaz en Budapest

Exterior del Céntral Kávehaz en Budapest

No sé si a alguno de los que me lee le pasa como a mí, pero yo cuando pienso en los países centroeuropeos siempre vienen a mi mente ciertas imágenes que las hago comunes a todos: grandes urbes históricas y monumentales rebosantes de actividad cultural, palacios barrocos por doquier, los ríos Moldava y Danubio, las buenas cervezas y mejores sopas, los pueblos recoletos que parecen detenidos en el tiempo, las escenas, en definitiva, que quizá arquetípicamente hemos construido en nuestra imaginación sobre cómo serían estos países, ya fuera a través de la lectura, del cine o de las postales que nos enviaban desde allí. Y si bien todas estas cosas podrían no ser ciertas, para mí si hay algo que unifica a Europa Central: sus cafés, que bien han tejido gran parte de la historia de estos pueblos. Uno de estos emblemáticos cafés que materializa mi idea de un otrora ambiente intelectual, creativo, bullicioso, hijo de una época de cambios en Europa en general, y en Europa Central en particular es el Centrál Kávehaz de Budapest.
Si alguien me hubiera preguntado que cómo me imaginaba un gran café, elegante, centro de reunión de escritores y pensadores de finales del XIX en Hungría, no habría sido tan certera. Y es que el magnífico Café Central (como lo traduciríamos en castellano) que abrió sus puertas en 1887, pronto se convirtió en toda una institución de la cultura húngara, una cultura, la húngara, que buscaba que se reconociese su identidad dentro de un imperio tan vasto y variopinto gobernado estrictamente desde Viena. Fruto de ese constante ir y venir de intelectuales que prácticamente viven en el café nace la famosa frase de: mi café es mi castillo, acuñada por el escritor húngaro Dezső Kosztolányi que hábilmente estaba parafraseando a un sir y jurista inglés, Sir Edward Coke, cuando dijo aquello de: mi casa es mi castillo. Volviendo a Kosztolányi, no exageraba al hablar del café como su castillo o fortaleza pues muchos de sus colegas y otras personalidades de la época pasaban gran parte del día aquí bebiendo café, comiendo, discutiendo y creando. Entre otros, será aquí donde comience sus andaduras la revista literaria A Hét (La semana) la cual será la principal publicación de este tipo a principios del siglo XX en Hungría y cuyo relevo tomará Nyugat* (Oeste) otra publicación literaria que marcará a toda una generación de poetas, escritores e intelectuales del país magiar y que también nacerá en el Centrál Kávehaz.

El Céntral Kávehaz a finales del XIX

El Centrál Kávehaz a finales del XIX

Céntral Kavehaz hoy en día

Centrál Kavehaz hoy en día

Las lámparas son magníficas

Las lámparas son magníficas

Así las cosas, este precioso café avanza en el siglo XX adaptándose a las nuevas tendencias que llegaban desde Estados Unidos en cuanto a ambiente y decoración de cafés se refiere, pues se abren nuevos establecimientos en la capital del Danubio llenos de espejos y mármoles intentando emular al magnífico Café New York, que abierto unas años después del Centrál Kávehaz era su más estricta competencia en cuanto a belleza y círculos literarios. No voy a entrar en la “disputa” de cuál es más bonito, es cuestión de opiniones. A mí la elegancia del Central me gusta más que el boato del New York, es cuestión de gustos, y también de bolsillos, pues el Central sigue siendo accesible a todos y el New York se ha vuelto demasiado caro.

El Central de noche, foto tomada de la web del Café

El Central de noche, foto tomada de la web del Café

Como os podréis imaginar, las andaduras del Centrál Kávehaz irán viento en popa hasta la llegada del Comunismo a Hungría, cuando se nacionaliza la propiedad privada el café será cerrado hasta que lo vuelven a abrir como comedor para obreros en los años ’60. Con los años cambiará de uso y aspecto, cayendo, como muchos otros magníficos edificios en el olvido y total abandono. Afortunadamente en 1999 el café fue comprado por un magnate húngaro y devuelto a su esplendor y refinamiento de antaño. Si bien algunas cosas han cambiado entre el café original y el actual, sí que se ha conservado la rusticidad refinada de sus primeros tiempos y actualmente, la madera, que fue elemento predominante en el Café sigue siendo la auténtica responsable de esa sensación de calidez incluso cuando afuera hace tanto frío. Las lámparas de la apertura, mucho más barrocas, han sido sustituidas por otras menos recargas pero igualmente hermosas. Quizá el conjunto ha perdido el eclecticismo de esos primeros años a finales del XIX para adaptarse a un gusto más de la época actual.

Detalle del techo y la lámpara, foto tomada de la web del Café

Detalle del techo y la lámpara, foto tomada de la web del Café

Detalle, foto tomada de la web del Café

Detalle, foto tomada de la web del Café

En cualquier caso, el Café Central continúa siendo un lugar ideal para reposar, tomarse un buen café y un exquisito pastel, o probar la no tan conocida comida húngara mientras se disfruta de las magníficas piezas de piano que se tocan en vivo*.

 

*Muchos creen que la revista Nyugat se fundó en el Café New York pero no fue así, será el Centrál Kávehaz el lugar en el cual se funde. Años después los intelectuales de la Nyugat se reunirán en el Café New York, hasta 1920 cuando vuelvan a elegir al Centrál como castillo inexpugnable.

*Desgraciadamente la mayoría de las fotos que hice con mi cámara se ven movidas o con poca nitidez, de ahí que haya utilizado algunas fotos de la página del Café.

Si te ha gustado esta entrada, puede que quieras saber más sobre Budapest.

Budapest y el Art Nouveau

Damnatio Memoriae y Memento Park

Anuncios