Astorga, lluvia, sol y nieve, todo en uno

Catedral y Palacio Episcopal

Catedral y Palacio Episcopal

Astorga era uno de esos destinos pendientes de los tantos que tengo en mis viajes por España. Soñaba con ver el Palacio Episcopal de Gaudí tras conocer ya sus muchas obras en Barcelona, el Capricho en Comillas o la casa Botines en León. También el casco histórico de esta pequeña ciudad me resultaba interesante así que decidí quedarme en ella tras abandonar León.
La llegada a la ciudad fue apoteósica, con una lluvia pertinaz que calaba hasta los huesos. Pronto supe que los albergues de la ciudad estaban cerrados hasta marzo (sólo estaban abiertos los destinados a los peregrinos del Camino de Santiago) así que tuve que optar por un plan B. El plan B se llama Hostal La Peseta, el cual recomiendo, además de por el alojamiento por la increíble comida que sirven.

Plaza Mayor con lluvia

Plaza Mayor con lluvia

La misma plaza tras la tormenta

La misma plaza tras la tormenta

murallas de Astorga

murallas de Astorga

Tras dejar mochila y demás cosas en la habitación salí a recorrer la ciudad. El viento y el frío hacían del recorrido un desafío. De repente, sin previo aviso empezó a nevar. Diez minutos después el viento desapareció como por arte de magia y salió un sol que dejó a la vista un límpido cielo azul. Si hubiese querido hacer una colección de fotos de un mismo lugar con diferentes tonos este habría sido el día. Pero vamos a hablar de Astorga que bien merece una parada. Además del Palacio Episcopal (3 euros la entrada, 5 euros combinada con la catedral. Los jardines del palacio son de acceso gratuito) que me maravilló como siempre logra hacerlo Gaudí, tenemos las murallas de la ciudad, de factura medieval construidas sobre unas de época romana, la imponente catedral (algo sombría en su interior), la Casa del Sacristán, la bonita Plaza Mayor con un exquisito edificio como Ayuntamiento, los restos de una gran casa romana con termas incluidas, la Ruta Romana (cerrada este invierno), el Museo Romano (también cerrado aunque no dijeron hasta cuando), la modernista casa Granell, y por supuesto y para lo más golosos, el Museo del Chocolate, industria, la del chocolate muy relevante en Astorga que está vinculada a los arrieros maragatos que traían desde los puertos del norte de España mercancías venidas de ultramar.

Restos de la casa romana del Mosaico del oso y los pájaros

Restos de la casa romana del Mosaico del oso y los pájaros

De repente salió el sol

De repente salió el sol

Palacio episcopal hoy museo de los caminos visto desde el jardín

Palacio episcopal hoy museo de los caminos visto desde el jardín

Maragatos, no hay que olvidar que estamos en Astorga

Maragatos, no hay que olvidar que estamos en Astorga

Un día en la ciudad puede ser suficiente para verlo todo, sobre todo en verano que los días duran más. La ventaja de haberla conocido en invierno y bajo las inclemencias del tiempo fue poder ver una Astorga casi vacía, sin colas, sin multitudes frente a los edificios, todo un lujo cuando se viaja.

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La más bonita, León

Los grandes ventanales de un café que hace esquina frente a la catedral leonesa llaman mi atención y me acerco a verlo. Enseguida siento que tengo que entrar para poder ver todo con detalle, saborearlo y de paso tomar un café.

Fachada de La más bonita, frente a la catedral de León

Fachada de La más bonita, frente a la catedral de León

Así es como descubro La más bonita, un precioso café en la capital leonesa que rivaliza con los cafés más bonitos que haya visto jamás. La luz en el interior es cálida e invita a quedarse. Los detalles extravagantes están sabiamente combinados para sorprender y agradar al visitante. Vemos un antiguo secador de pie de peluquería, un maniquí de costura, unos bonitos espejos de aspecto vintage, juegos de maletas antiguas, cuadros con láminas originales, estanterías reutilizadas y todo tipo de lámparas de diferentes diseño y época.

La más bonita, León

La más bonita, León

Entrada al café

Entrada al café

 

La más bonita

La más bonita

Retro y romántico se dan cita también

Retro y romántico se dan cita también

Pero no sólo la decoración y el ambiente son bonitos y merecen la pena en La más bonita. El excelente café, los deliciosos croissants o trozos de bizcochos merecen sorbo y bocado. Las vistas de la catedral son además, maravillosas.

Mostrador

Mostrador

Rico cappuccino y croissant

Ricos cappuccino y croissant

Un lugar a visitar si se está en León al que le deseo una larga vida.

 

 

 

 

Despidiendo el año en Asturias

Este año que acaba de terminar he tenido la suerte de poder despedirlo en tierras astures. Tras 11 días recorriendo este pedazo verde de España no puedo menos que sentirme muy afortunada por estos días compartidos con gente tan noble como la asturiana. Y es que Asturias no sólo es famosa por su paisaje, sino también por la calidez de su gente, afables, generosos, nobles, hay muchos adjetivos para describir a los asturianos.

Escanciador de sidra

Escanciador de sidra

También he podido ver todo ese repertorio que forma parte del tópico asturiano: escanciadores de sidra, gaiteros, señoras con sus madreñas en el campo, vacas asturianas con sus cencerros, caballos asturcones, hórreos y paneras que van salpicando esta tierra cuyo paisaje parece sacado de un cuento antiguo.

escena típica del campo asturiano

escena típica del campo asturiano

gaiteros practicando

gaiteros practicando

En poco tiempo he tenido la suerte de callejear la elegancia de Oviedo y Gijón, de visitar la bonita ciudad con soportales de Avilés, de asombrarme ante la fuerza de un mar bravo en Salinas o Cabo de Peñas, recorrer las bonitas villas de Cudillero, Luarca, Candás, Luanco o la famosa Ribadesella.

Pintoresco cudillero

Pintoresco cudillero

Soportales en Avilés

Soportales en Avilés

 

Cabo de Peñas

Cabo de Peñas

Asturias es tierra de mar y montaña, de pescadores, ganaderos y mineros, y también de emigrantes. Me ha resultado muy interesante leer las historias de tantos que cruzaron el océano en busca de una vida más próspera y que eligieron Cuba como principal destino para hacer fortuna. Estos inmigrantes, algunos conocidos como indianos, dejaron un magnífico legado arquitectónico repartido por toda Asturias, testimonio de aquellos tiempos en los que aún se podía soñar con hacer Las Américas.

Casas de indianos en Ribadesella

Casas de indianos en Ribadesella

Gijón, Palacio de Revillagigedo

Gijón, Palacio de Revillagigedo

Me voy con la impresión de que he visto mucho pero aún me queda tanto por ver. Asturias es para recorrerla, saborearla, amarla. El lema de Paraíso Natural no es un mero cliché, quien quiera disfrutar del campo, de la montaña, de mar y ciudad y sentirse como en casa debe venir a Asturias. Yo por lo pronto sólo sueño con volver y seguir maravillándome ante tanta belleza.

 

¿Qué ver y hacer en Berlín si tienes poco tiempo?

A través de este blog me han llegado muchos emails preguntándome cuánto tiempo se necesita para ver más o menos bien Berlín y cuáles serían esos lugares imprescindibles en el caso de no disponer de mucho tiempo.

Contesto a la primera pregunta: para ver bien Berlín como cualquier otra gran urbe, se necesita vivir en la ciudad durante un tiempo o ir varias veces pues con una superficie de 892 kilómetros cuadrados es imposible abarcarla en poco tiempo. Además hay que contar con el hecho de que la capital alemana fue durante 41 años dos ciudades que crecían una independiente de la otra, Berlín este como capital de la RDA y Berlín oeste como importante centro estratégico de la RFA pero sin capitalidad y dividida en sectores aliados.

Respecto a esos lugares imprescindibles, por supuesto que una pequeña selección siempre generará polémica por haberse incluido o dejarse de lado algo, también porque es una selección personal, basada en mi criterio y en lo que yo creo que puede ser más interesante para el que viaje a Berlín, aunque he intentado incluir un poco de todo.

Free Tour o Tour Gratis con SANDEMANs 
Tanto si tienes poco o mucho tiempo para visitar la ciudad, lo mejor es hacerse una idea general de la Historia berlinesa, conocer un poco los lugares por los cuales te vas a mover y descubrir anécdotas que quizá en ningún otro lugar podrías encontrar. Los tours gratuitos (bueno, se da al final la voluntad) de SANDEMANs son los más famosos en Europa y en Berlín alcanzan una fama merecidísima. Durante mis años viviendo en la capital acompañé a varios amigos de visita en este tour y siempre me sorprendió lo muchísimo que se aprendía con estos guías, la información tan completa que dan y la buena disposición que tienen. Salen todos los días a las 11 y a las 14 de un punto de encuentro frente al Starbucks cercano a la Puerta de Brandemburgo. El recorrido pasa entre otros lugares por el memorial a los judíos asesinados en Europa, las proximidades del búnker donde se suicidó Hitler, las oficinas centrales de la Aviación Alemana (Luftwaffe), o el Checkpoint Charlie. Otras empresas que hacen tours en español en la ciudad son CultourberlinHolaBerlin y ViveBerlin. Las tarifas varían mucho según el tour, el del centro histórico con Cultourberlin o ViveBerlin comienza con 10 euros para estudiantes y 12 euros si no lo eres.

Si la Historia de Berlín te ha parecido tan apasionante como a mí y a muchísimos visitantes que les engancha, entonces puedes seguir haciendo tours pagando por supuesto. Encontrarás infinidad de ellos como el de El Tercer Reich, el del Muro de Berlín o el del Campo de Concentración de Sachsenhausen (que ViveBerlin hace por 1 euro).

Para mí uno de los más fascinantes que hay es el que ofrece la asociación Berliner Unterwelten relacionados con los búnkeres, refugios antiaéreos subterráneos y demás. El personal está altamente cualificado, hay guías en español y de verdad es una de las visitas que más he disfrutado cuando he estado ¨turisteando¨por Berlín.

Torre de Televisión de Alexanderplatz
Sí, es turística y no es barata. Pero desde la Torre de Televisión tienes una vista de Berlín que no encontrarás en ningún otro lugar. El ascenso se hace muy rápido y una vez allá arriba puedes quedarte si quieres tomando algo en el restaurante (caro para lo que tienen) o en la parte de más abajo leyendo sobre los edificios y barrios que se aprecian desde tan considerable altura. El subir a la torre da una idea de cuán grande y plana es Berlín. Si tienes poco tiempo y quieres evitar colas, lo mejor es que compres la entrada por internet y así tienes ya tu horario y tipo de visita reservados. La más barata (igual que el precio de taquilla) es la entrada Early Bird para las visitas a primera hora cuando abre la torre (9 de la mañana en verano, 10 en invierno) sin hacer colas, el precio: 12,50.

*Restos del Muro de Berlín en la Bernauer Strasse
Si la East Side Gallery es la parte más famosa del muro de Berlín, el tramo que queda en la Bernauer Strasse es de los más auténticos que se pueda encontrar en la ciudad, también porque caminando por la calle hay paneles informativos, fotos de la época del muro y uno puede hacerse una idea muy clara de cómo afectó el muro de Berlín a la vida cotidiana de sus habitantes. Hay además un centro de información de entrada gratuita donde poder ahondar en la infame historia del muro. Quien quiera saber más sobre cuál era el recorrido original del muro o dónde encontrar más restos de este, torres de vigilancia, lugares conmemorativos, puede consultar en esta página en español.

Pergamonmuseum, Altes Museum, Neues Museum todos en la Isla de los Museos
Son muchos museos, ya lo sé, pero que cada uno escoja el que mejor le parezca, lo que no recomiendo es ir a Berlín y perder la oportunidad de ver estas magníficas colecciones de Arte Antiguo. El Museo de Pérgamo consta con verdaderas joyas como el Altar de Pérgamo, la Puerta de Ishtar y la vía procesional de Babilonia, la Puerta del Mercado de Mileto, la habitación de una casa de un comerciante cristiano de Alepo, los relieves asirios y el resto de la colección que aunque parezca más anónima es igual de impresionante.
El Altes Museum es el museo de Arte Antiguo con una amplia colección de arte griego, etrusco, romano, sobre todo en forma de esculturas, cerámica y mosaicos. Es un museo muy interesante pero si se tiene poco tiempo no me decantaría por él, aunque la ventaja es que hay menos público dentro con lo cual las obras se ven de una manera más relajada que en el de Pérgamo o en el Neues Museum.
El Neues Museum no es tan nuevo como su nombre indica. Lo construyeron en el siglo XIX para albergar el resto de la colección que no cabía en el Altes Museum. Durante la Segunda Guerra Mundial bombas e incendios causaron notables daños al edificio que estará en estado de abandono hasta 1985 cuando se intenten conservar los cimientos del inmueble, pero no será hasta 1997 que se planifique su reconstrucción y finalmente será inaugurado a finales de 2009.  La mayor parte de los visitantes llega atraída por la increíble colección de Arte Egipcio que tiene en el famosísimo busto de Nefertiti su obra cumbre. Pero no hay que olvidar la colección de Antigüedades Troyanas o la muy bien dispuesta colección dedicada a la Prehistoria y Protohistoria.

Ver los 3 museos en un día es una locura, por supuesto, pero para quien quiera saberlo hay un ticket para visitarlos todos en un día que cuesta 18 euros (17 si se compra en internet). Esta entrada conjunta también incluye la entrada a la Alte Nationalgalerie y al Bode-Museum. De comprar los tickets por separado el Pergamon y el Neues tienen un coste de 12 euros cada uno, el Altes de 10 e incluyen audioguía.

*Topografía del Terror, Niederkirchnerstrasse 8
Este lugar con un nombre que da escalofríos dará aún más malas vibraciones cuando se visite y se lea todo lo que aquí se gestó, el alcance de las acciones que aquí se planificaban, seguro que ya sabéis por dónde voy. La Topografía del Terror se refiere a los restos que quedan de un edificio que sirvió en época nazi de sede de la Policía Secreta (Gestapo), del mando de las SS y durante la II Guerra Mundial de Oficina Central para la Seguridad del Reich. Este lugar -que también funcionaba como centro de detención con celdas para prisioneros- es el núcleo del mal y desde aquí se llevará a cabo el control del abominable programa nazi de exterminio y persecución. Las explicaciones si mal no recuerdo sólo se encuentran en alemán e inglés.

Potsdamer Platz 
La Potsdamer Platz es de esos lugares que no sabes muy bien qué sentir cuando la ves -al menos es mi parecer-. Construida después de la Caída del Muro, la plaza que fue una especie de experimento arquitectónico no llega a conquistar a los berlineses a pesar de ser un lugar de referencia en la ciudad. La increíble torre de la Deutsche Bahn de Helmut Jahn y sus 103 metros de altura intenta competir con la igualmente alta Torre Kollhoff de Hans Kollhoff. El resultado del conjunto a mí personalmente no me gusta mucho, pero es un lugar que hay que ver si se va a Berlín. Lo más visitado quizá sea el Sony Center en el cual hay cines, cafés, tiendas y lo más interesante: el Filmmuseum (dedicado al Cine y la Televisión).  En la ya citada Torre Kollhoff está el Panoramapunkt desde donde ver buenas vistas de Berlín a mejor precio que en la Torre de Televisión (aunque sigo recomendando esta última). Quizá hay un elemento de la plaza que pase desapercibido al visitante pero que hay que tener en cuenta cuando se esté allí. El semáforo con reloj que domina uno de los extremos de la plaza es el testimonio del importante nudo de comunicaciones que fue la Potsdamer Platz durante gran parte del siglo XIX y sobre todo a principios del XX, siendo este semáforo el más antiguo de la Europa Continental (algunos dicen que en Hamburgo hubo uno antes) con fecha de 1924 -el que hoy vemos es una réplica.

Gemäldegalerie, Matthäikirchplatz
Si se atraviesa la Potsdamer Platz en dirección Potsdamer Strasse se llega a uno de mis lugares favoritos de Berlín. Eso sí, si no sois amantes de la pintura, de los grandes maestros de la pintura, podéis prescindir de esta visita. Si no os disgusta, incluidla en vuestro periplo porque es una maravilla la colección que alberga sin resultar tan extensa, pudiéndose ver en una tarde. Delicados Botticelli, minuciosos Van Eyck, magníficos Frans Hals, Rubens, Rembrandt, sólo el apartado dedicado a la pintura holandesa compensa haber entrado. También hay obras de Tiziano, Poussin, Durero o Caravaggio. La entrada cuesta 10 euros y los jueves está abierto hasta las 20.

*Häckesche Höfe, Rosenthaler Strasse 40-41
Los bonitos patios que conforman este lugar siempre tienen público, y no es por gusto. Estos patios interiores de principios del siglo XX cayeron en un notable abandono cuando Berlín formaba parte de la RDA pero ahora vuelven a exhibir todo su esplendor. Los locales que dan a los patios se han convertido en cafés, tiendas de ropa y objetos Made in Berlín, galerías de arte, e inclusive hay un cine y un teatro de variedades, el Chamäleon, que fundado en 1906, sobrevivió prácticamente a los destrozos de la guerra, pero no a la dejadez de la Alemania socialista. Hoy en día, magníficamente recuperado, el Chamäleon sigue entreteniendo a todos los amantes del teatro y los espectáculos de variedades.

*Träenenpalast, Reichstagufer 17
Este Palacio de las Lágrimas es otro de los lugares más emotivos de Berlín. Desde 1962 hasta 1990 los berlineses del Este que podían emigrar al Oeste se despedían aquí. Es un lugar con una gran carga emotiva, lleno de historias personales, de todos aquellos hasta luego que se convirtieron en nunca más, de los adioses, la partida y el vacío dejado por aquellos que se fueron. Es uno de los lugares más visitados en Berlín desde que se abrió al público hace apenas dos años.

*Oberbaumbrücke y East Side Gallery
Si has visto la película Corre Lola corre te sonará este peculiar puente de ladrillo con torrecillas que conecta los barrios de Kreuzberg y Friedrichshain separados por el río Spree. También testigo de la separación que sufrió Berlín, era el punto a través del cual ciudadanos de Alemania Occidental (RFA) podían entrar previa obtención de un visado y con el tiempo muy limitado a Berlín Oriental (RDA) y visitar la ciudad.
La East Side Gallery, justo al cruzar el puente hacia Friedrichshain, es ese pedazo de muro multicolor, pintado por 103 artistas de todas partes del mundo en el año 1990. Los mensajes que contienen algunas pinturas son bien interesantes y se aplican no sólo al Muro de Berlín sino a muchos muros, físicos e imaginarios que se construyen para dividir a las personas.

*Monumento soviético, Treptower Park
El más grande de los monumentos soviéticos que hay en Alemania es también un cementerio en el cual descansan los restos de aproximadamente 5 mil soldados soviéticos caídos en la batalla de Berlín. Silencioso, imponente, es un lugar que bien vale la pena ver para aportar un grano de arena en la complicada Historia reciente de Alemania en general y de Berlín en particular. El monumento se encuentra dentro del Treptower Park que también merece un paseo si se dispone de tiempo, el camino bordeando el río es muy agradable si no hace mucho frío.

Filarmónica de Berlín
El edificio de la Berliner Philarmoniker merece en sí una visita. Si bien no es tan grande o impactante desde fuera, destaca su perfecta acústica y las formas inusuales de su trazado. Si se puede visitar a la vez que se va a un concierto mejor aún, pero si no, existen tours guiados para visitar el edificio en gran variedad de idiomas, español incluido. El coste es de 5 euros y comienzan cada día a la 1:30, con una duración de 1 hora.

*Karl-Marx-Allee
Quien quiera hacerse más o menos una idea de cómo era el Berlín de construcción soviética puede ir hasta Frankfurter Tor (U5) y caminar por la Karl-Marx-Allee, una avenida construida durante los años ’50 como eje principal y antagonista de la Ku’damm en el oeste. En sus orígenes la Karl-Marx-Allee se llamó Stalinallee pero en 1961 el nombre será cambiado y la estatua de Stalin será desmantelada. Los primeros edificios de la Karl-Marx-Allee son los más impresionantes y tienen un aspecto bastante clasicista además de ser modelos estándares muy parecidos a los que podrían encontrarse en otras capitales soviéticas. Estos edificios albergaban viviendas “para trabajadores” y en las plantas bajas había cafés, tiendas, restaurantes, para que la vida se desarrollara en los alrededores de la avenida. Si se avanza desde Frankfurter Tor hacia Alexanderplatz nos encontramos con verdaderas joyas y sitios emblemáticos de la época, el Kino Kosmos (un cine de principios de los ’60 que hoy es sede de espectáculos), el Café Sybille (abierto en 1953 hoy en día además de café también es centro de información sobre la historia de la avenida y sus edificios), la plaza Strausberger con sus impresionantes edificios y la fuente (que sale en la apertura de créditos de Good bye Lenin), el Café Moskau, construido a principios de los ’60, era uno de los restaurantes “nacionales” que había en el Berlín este en el cual por supuesto podía adentrarse uno en la gastronomía rusa. Hoy en día es un lugar de eventos, hasta hace poco fue una sala de fiestas y en su exterior pueden verse los murales originales con un repertorio iconográfico soviético. Casi enfrente está el Kino Internacional, contemporáneo del Café Moskau y que aún se utiliza como cine.

Autobús 100 Alexanderplatz-Zoologischer Garten
Una de las mejores maneras (y más baratas) de ver Berlín es desde el segundo piso de la ruta 100 que recorre en media hora del Berlín este al corazón del Berlín oeste. El bus 100 como si de un autobús turístico se tratase pasa en su recorrido por edificios y lugares emblemáticos de Berlín como la Staatsoper en Unter den Linden, el edificio del Reichstag, la Haus der Kulturen der Welt, el palacio Bellevue (donde residen los cancilleres de Alemania), la Columna de la Victoria y así hasta llegar al Zoologischer Garten. Una vez allí se puede hacer el camino a la inversa en el bus 200 que pasa por el Tiergarten y el edificio de la Filarmónica, Potsdamer Platz y así hasta llegar al punto de partida: Alexanderplatz.

Para terminar una de las jornadas en la capital alemana recomiendo visitar uno de los lugares más fascinantes y originales de Berlín, el Clärchens Ballhaus, no se arrepentirán.

*El asterisco indica que es un espacio público o de entrada gratuita.

En el caso de los museos estatales como son todos los que están en la Isla de los Museos o la Gemäldegalerie, en teoría los jueves a partir de las 18:00 son gratis. El problema reside en que la mayoría no pueden verse en las 2 horas de las que consta este marco de tiempo gratuito.

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¿Qué ver en Martinica? Segunda parte

Como lo prometido es deuda, aquí va la segunda entrega de mi selección de los lugares que el viajero que visite Martinica no debe perderse.

Fort-de-France. Una colorida capital de las Antillas Menores
La antigua Fort Royal debe su nombre y gran parte de su desarrollo urbano a la construcción de un fuerte defensivo en el siglo XVII.  El Fort Saint Louis, la fortificación que aún domina la entrada al puerto de Fort-de-France puede ser visitado en parte pues hoy en día es sede de una base naval francesa. Frente al Fort Saint Louis se encuentra el parque más grande de la capital, La Savane, que en realidad pasaría desapercibido para el forastero de no ser por la estatua de una Josefina decapitada desde hace más de 20 años sin que se sepa quién lo hizo. La escultura de la otrora emperatriz de Francia, trasladada al parque en 1859 sigue en pie aunque sin cabeza, recordando la relación amor-odio que existe hacia su figura en su isla natal. Así como Josefina es recordada como “la que devolvió la esclavitud a Martinica”, Victor Schoelcher es una de las personalidades más destacadas vinculadas a la isla. Schoelcher, parisino, será un escritor a favor de la abolición de la esclavitud que participará activamente en la defensa de los derechos de los negros, destinando incluso parte de su fortuna a ello. De ahí que por toda la isla se recuerde al defensor de los esclavos, habiendo un barrio anejo a Fort-de-France llamado Schoelcher, innumerables calles en Martinica con el mismo nombre, y lo que nos interesa en Fort-de-France, la Biblioteca Schoelcher que por supuesto no es ninguna casualidad que tenga el nombre del filántropo y abolicionista. Victor Schoelcher decide donar su gran colección de libros y partituras musicales a la Martinica y dispone que sean alojados en una biblioteca de acceso público, sin discriminación de raza o condición social. La peculiar biblioteca será construida en París para que fuera visitada por los parisinos, y posteriormente se va a desmontar para trasladarla en barco a la Martinica donde aún hoy en día puede visitarse. Otro de los edificios que llaman la atención es por supuesto, la catedral de Saint-Louis, con su afilada aguja que domina el alzado de la ciudad. Además de estos edificios históricos es interesante pasear por la ciudad que no es tan grande y puede verse bien en un día, disfrutar de los olores y colores del Mercado cubierto o de especias, pasear por el paseo marítimo de la ciudad, o subir a las colinas en las cuales se encuentran los barrios más pintorescos de la capital y desde donde hay muy buenas vistas de la ciudad.

Biblioteca Schoelcher, Fort-de-France

Biblioteca Schoelcher, Fort-de-France

Catedral de Saint-Louis, Fort-de-France

Catedral de Saint-Louis, Fort-de-France

 

Fort-de-France

Fort-de-France

Souvenirs en el Marché aux épices, Fort-de-France

Souvenirs en el Marché aux épices, Fort-de-France

Les gorges de la falaise y el Monte Pelée
Una de las excursiones más bonitas que hice en Martinica fue la de les gorges de la falaise que vendría a ser las gargantas del acantilado. Cercana a Ajoupa-Bouillon y a una de las subidas al Monte Pelée se encuentra este precioso lugar al cual se accede tras pagar (creo que eran 7 euros) pues necesitas un guía que te lleve hasta el lugar en el cual el agua baja como una cascada hacia el río. La bajada en sí hacia el río es algo “complicada” pues hay que descender un montón de peldaños muy empinados, altamente recomendable llevar buen calzado. Una vez en el río se espera al guía si no está allí, pues todo el tiempo están entrando y saliendo de las rocas con grupos reducidos. El camino por la garganta hasta la cascada es toda una aventura de cierta dificultad, pero por suerte los guías se encargan de que te sientas confiado en todo momento. A medida que nos acercamos a la cascada la garganta se va estrechando hasta que apenas se ve el cielo encima de nosotros. El paisaje una vez llegados al final es espectacular y siento muchísimo que mi cámara no pudiera captarlo tan bien. Para poder ir con cámara y demás se alquila una bolsa impermeable a la entrada, no recuerdo el precio pero no me pareció que fuese cara. Como he dicho antes, desde la entrada a Les gorges se puede empezar a subir por uno de los caminos que lleva al Monte Pelée que en realidad es una elevación volcánica con cráter y todo cuyo pico raramente puede verse a no ser que se suba porque casi siempre está cubierto de nubes. El Pelée está a poco menos de 1.400 metros sobre el nivel del mar y el ascenso si bien no es muy complicado requiere de tiempo. Una vez arriba se puede observar la caldera, más bajo, o el cráter si se llega hasta la cima. Normalmente son excursiones de un día o día y medio y en Martinica recomiendan ir acompañado por un guía.

Entrada a la garganta

Entrada a la garganta

dentro de la garganta, el agua baja con mucha fuerza

dentro de la garganta, el agua baja con mucha fuerza

amplitud de la garganta

amplitud de la garganta

cascada

cascada

Le Diamant. Belleza en estado salvaje
La fama de la Roca del Diamante ha hecho de esta comuna un lugar muy popular entre turistas. La interminable playa frente al peñón ha hecho el resto. La belleza es “de otro mundo”, pero la fuerza de las olas no debe subestimarse, son tan bravas y la corriente es tan fuerte aquí que puedes terminar encajado en la arena.
Hay visitas turísticas en barcas al Rocher du Diamant (la roca) que está deshabitada y tampoco tiene gran atractivo a no ser porque en tiempos pasados fue lugar de escaramuzas entre ingleses y franceses que se disputaban esta roca estratégicamente situada entre Martinica y Santa Lucía. Si se recorre la avenida paralela a la playa en dirección Les Anses d’Arlet se llega a L’Anse Cafard, un monumento al aire libre a los esclavos que murieron ahogados víctimas de un naufragio en estas cosas por allá por 1830. El monumento y el lugar en que se encuentra tiene un gran dramatismo a pesar de la espectacular vista desde allí.

Roca del Diamante

Roca del Diamante

Playa del Diamante

Playa del Diamante

Oleaje en la playa del Diamante

Oleaje en la playa del Diamante

Cap 110 o monumento a la esclavitud, Anse Cafard

Cap 110 o monumento a la esclavitud, Anse Cafard

Cap Chevalier y la Trace des Caps
Si hay un lugar para no perderse a nivel de playas aisladas y trekking en la costa es Cap Chevalier. Aislado, no muy visitado, es el lugar ideal para hacer kitesurf, windsurf, alquilar canoas y para seguir la magnífica ruta de de los cabos que va bordeando la costa. Cap Chevalier es algo así como un paraíso perdido con kilómetros de playa de arena extrafina y aguas turquesas. Salvo en uno de los extremos de la playa en el cual se pueden alquilar aparatos para deportes acuáticos, el resto de la costa apenas se encuentran chiringuitos o bañistas, de ahí que me gustase tanto. Si bien en Martinica las playas no suelen estar abarrotadas, la de Cap Chevalier es de lo más extremo en cuanto a aislamiento que he visto. Cuando digo la playa de Cap Chevalier me refiero a varias playas que se van sucediendo, algunas más bonitas que otras, como L’Anse Michel o las inmediaciones del Cap Macré. Y justo bordeando parte de esta playa es por donde transcurre la Trace des Caps que si se hace completa tiene un recorrido de aproximadamente 35 kilómetros, la mayor parte bordeando la costa más meridional de la isla partiendo desde Anse Caritan en Sainte Anne, dando al Mar Caribe, y terminando en Petite Anse Macabou al nordeste y ya en plena costa atlántica. La belleza del paisaje hace que sea uno de esos trekkings imprescindibles. En esta parte de la isla hay que tener cuidado con el manzanillo de la muerte, un árbol cuya fruta es extremadamente venenosa e incluso la savia del árbol es altamente tóxica. Hay que evitar el contacto con el árbol y se desaconseja resguardarse bajo ellos durante la lluvia.

Playa desértica en el Cap Chevalier

Playa desértica en el Cap Chevalier

Ideal para kite y windsurf, Anse Michel

Ideal para kitesurf y windsurf, Anse Michel

Paisaje que se ve en la Trace des Caps

Paisaje que se ve en la Trace des Caps

info sobre la Trace des Caps

info sobre la Trace des Caps

Las Salinas, esa playa de anuncio que creías que no existía
Siguiendo con playas, cómo no, las Salinas es “la playa”. En una isla en la cual nunca te encuentras a más de 15 kilómetros del mar es difícil elegir la mejor playa y por supuesto no todo el mundo estará de acuerdo en que esta sea la mejor. Mi criterio para elegirla ha sido porque cumple con los tópicos de playa de arena, con cocoteros, inmensa, paradisíaca aunque es cierto que es de las más concurridas precisamente por su fama. La playa es bien extensa y en uno de sus extremos (el más meridional) no es tan bonita pues las corrientes van llevando las algas y demás cosas hasta esa parte. Pero el resto es espectacular, quizá más para hacer fotos que para bañarse, aquí también a veces hay mucho oleaje.  Se llama Les Salines porque se encuentra junto a una salina que también vale la pena ver, en una zona invadida por el manglar. No lejos de la playa está la Savane des Pétrifications, un terreno árido que recuerda un desierto rocoso y que es una de las partes más antiguas en cuanto a formación geológica de la isla. Gran parte de lo que hoy vemos que parecen rocas no es más que un bosque petrificado hace millones de años. El paisaje es inusual para esta pequeña isla del Caribe que recomiendo mucho visitar.

Las Salinas

Las Salinas

Paradisíaca playa de Las Salinas

Paradisíaca playa de Las Salinas

Cocoteros

Cocoteros

 

Savane des Pétrifications, Sainte-Anne

Savane des Pétrifications, Sainte-Anne

Por supuesto que cuando se hace una selección de lugares a visitar siempre nos dejamos muchos otros sin nombrar, si no, no sería una selección. Espero que esta que yo he hecho, ayude a quien viaje a Martinica, a conocer mejor la isla, un pequeño paraíso en el Caribe.

 

¿Qué ver en Martinica? Primera parte

Cuando estaba viviendo en Martinica mucha gente me escribió para preguntarme qué era lo que más me gustaba de la isla o lo que no debían perderse en caso de visitarla. No siempre contesté pues a veces recibía los emails cuando aún me quedaba tanto por ver. De ahí que aunque tardío, este post intenta contestar a las muchas preguntas sobre las principales atracciones de la isla de las flores. Imposible nombrar todas los lugares que me gustaron de Martinica, pero desde luego estos que están aquí me parecen los que no deberían faltar en una visita. Para no hacer el post muy largo, lo he estructurado en dos entradas. Aquí la primera entrega.

Saint-Pierre. La antigua capital de la isla, trágicamente asociada a la erupción del Pelée.
Quizá el nombre de Saint-Pierre no le dice nada a quien no ha visitado Martinica, isla de la cual tampoco es que se oiga hablar mucho que digamos. Así que Saint-Pierre podría pasar desapercibida a no ser que se sepa que aquí estaba la antigua capital de la Martinica y era en esta ciudad que había la más grande concentración de edificios coloniales antes de 1902. Entre el 2 y el 8 de mayo de este año, el monte Pelée, un volcán situado a 7 kilómetros de la antigua capital, entró en erupción causando con su flujo piroclástico y lava candente la muerte de unas 30.000 personas. Saint-Pierre quedó destruida y para siempre asociada con este triste suceso.
Debido a la destrucción causada por la lava que descendió del volcán, muchos de los edificios de la ciudad se encuentran en ruinas y apenas quedan los cimientos, pero lo que queda y lo que se ha construido después bien vale la pena verlo.

Fuente del antiguo teatro de Saint-Pierre

Fuente del antiguo teatro de Saint-Pierre

Vista de Saint-Pierre

Vista de Saint-Pierre

Celda de la cárcel de Saint-Pierre en la cual estaba Luis-Auguste Cyparis, uno de los pocos sobrevivientes de la erupciónCelda de la cárcel de Saint-Pierre en la cual estaba Luis-Auguste Cyparis, uno de los pocos sobrevivientes de la erupción del Pelée

Catedral de Saint-Pierre

Catedral de Saint-Pierre

Jardín de Balatá y la Route de la Trace. Helechos gigantes, vegetación exuberante. Naturaleza y paisajismo en estado puro.
Al Jardín de Balatá ya le dediqué un post cuando lo visité nada más llegar a Martinica. Con más de tres mil especies de plantas magistralmente dispuestas a lo largo de sus casi tres hectáreas, el colorido de las flores, la exuberancia de algunas plantas ayudan a reforzar esa idea de que se está en un paraíso sobre la Tierra. Cercano al Jardín se encuentra la Sacré Coeur de Balatá, una réplica a pequeña escala de la famosa basílica de Montmartre. El camino que lleva hacia el Jardín de Balatá es parte de la N3, llamada Route de la Trace. Esta ruta usada ya en el siglo XVII por los jesuitas atraviesa parte del centro norte de la isla pasando por varias poblaciones interesantes como Morne Rouge o Ajoupa-Bouillon y siendo ideal su recorrido para tener excelentes vistas de los Pitons du Carbet, conjunto montañoso de origen volcánico que define el perfil en alzado de la isla. La carretera en sí misma es lo más interesante, durante buen parte del camino se pasea bajo unos helechos gigantes que parecen salidos de una película de dinosaurios. La belleza de esta foresta tropical es tal que a quien le guste el verde y la naturaleza disfrutará inmensamente el viajar a través de este camino. Como único inconveniente, si el trayecto se hace caminando fuera de la carretera en plan trekking hay que llevar un calzado cómodo, alto y cerrado porque esta es la única zona de Martinica en la cual se han visto aún las peligrosas serpientes fer de lance.

Planta en el Jardín de Balatá

Planta en el Jardín de Balatá

Paisaje desde el Jardín de Balatá

Paisaje desde el Jardín de Balatá

Sacré Coeur de Balatá

Sacré Coeur de Balatá

vegetación en la Route de la Trace

vegetación en la Route de la Trace

Habitation Clément. Ron, hacienda colonial y exposiciones de arte 
Los planteurs eran los hacendados de las explotaciones agrícolas de la isla, en el caso de Martinica el azúcar y el plátano eran los cultivos estrella. Dichas explotaciones se conocen con el nombre de Plantation o Habitation para referirse al inmueble o casa principal en la cual vivía el hacendado junto a su familia. La Habitation Clément es uno de los mejores exponentes de estas haciendas que se encuentra además en muy buen estado de conservación. La visita a la antigua destilería, los depósitos de barricas de ron, a la casa principal y sus exteriores hacen de la Habitation Clément uno de los imprescindibles si se quiere conocer cómo prosperaron estas tierras con el cultivo de caña de azúcar y si se quiere conocer sobre los procesos para la obtención del preciado líquido etílico. Famosa es también la Case de l’économe (casa del ecónomo) por haber sido la sede de un encuentro entre George Bush padre y François Miterrand por allá por 1991 cuando terminaba la Guerra del Golfo.

La casa principal, de madera de caoba, data del siglo XVIII siendo además el prototipo de este tipo de residencia dentro de las haciendas martiniqueñas de esta época. Su interior está cuidadosamente decorado con muebles estilo colonial del XVIII y del XIX que dan un toque muy genuino a todo el conjunto.

Otro de los motivos para visitar la Habitation Clément es que ella alberga en dos de sus dependencias anteriormente destinadas al añejo del ron los espacios expositivos de la Fondation Clément en Martinica -a una de cuyas exposiciones ya dediqué un post-. Y cómo no, también hay que decirlo, la salida de la Habitation se hace a través de una especie de bar-tienda en la cual se ofrece una degustación de los rones Clément que dicho sea de paso están buenísimos.

Casa principal Habitation Clément

Casa principal Habitation Clément

Interior de la casa principal

Interior de la casa principal

Antigua destilería

Antigua destilería

Barricas de ron

Barricas de ron

Playa de Grande Anse y Les Anses d’Arlet. Playa de ensueño con arena, cocoteros y un pintoresco pueblo
Por supuesto que no se puede ir a Martinica y no ir a la playa, y si se puede ir a esta entre otras muchas que hay, mejor. La Grande Anse es una ensenada al sur de la isla, en el Mar Caribe, que supongo que colma las expectativas de cualquier viajero que venga buscando sol y playa. El viaje hasta la playa vale la pena porque al igual que el de la Route de la Trace al norte, la carretera que lleva a esta parte de la isla está rodeada de una vegetación y unas vistas del mar impresionantes. En la playa de Grande Anse se pueden encontrar algunas tiendas de souvenirs, quioscos donde comprar provisiones, restaurantes a la orilla de la playa, pero si se quiere visitar el bonito pueblo pesquero de Les Anses d’Arlet hay que ir en coche un poco más al sur.

Grande Anse

Grande Anse

Les Anses d'Arlet

Les Anses d’Arlet

Grand-Rivière. Magnífico paisaje del norte de la isla.
Me atrevo a asegurar que Grand-Rivière es la villa más genuina de la Martinica. Genuina en cuanto a lo mucho que ha conservado de tiempos remotos, en la forma de pensar y hacer las cosas del martiniqueño. Y es que Grand-Rivière se encuentra al final de la isla pues cuando se llega a ella hay que volver sobre los pasos andados porque no está comunicada con nada en su extremo suroeste. Para llegar al pintoresco pueblo pesquero desde el cual hay unas vistas cargadas de dramatismo de la costa atlántica hay que atravesar uno de los paisajes más espectaculares de la Martinica. Bosque tropical que baja en pendiente pues el norte de Martinica es alto con respecto a la costa y gran parte de lo construido se ha hecho sobre un terreno muy inclinado. Y es en este camino donde uno se encuentra con esas sorpresas que a cada rato dibujan una sonrisa en el viajero. El puente de Grand-Rivière, de hierro, es el más largo y a mayor altura de la isla y vale la pena parar en él para hacer unas fotos. Una vez hemos llegado al final del camino, antes de volver sobre nuestros pasos o coger una barca que nos lleve a Le Prêcheur (el pueblo más cercano), es obligatorio dar un giro de 360 grados para poder apreciar con cierto juicio lo diferente que es el norte del sur, incluso en una isla tan pequeña como Martinica. Grand-Rivière tiene algo de melancólico, de nostalgia que sale de debajo de los guijarros de la playa. Yo aconsejo no quedarse mucho tiempo por aquí, pues la congoja y la sensación de aislamiento invaden al que es forastero en estas tierras.

Grand-Rivière

Grand-Rivière

Puente de Grand-Rivière

Puente de Grand-Rivière

El paisaje del norte de la isla es tan diferente

El paisaje del norte de la isla es tan diferente

Hasta aquí la primera parte sobre los sitios que no hay que perderse en Martinica. La próxima semana llega la segunda parte ¡no te la pierdas!

Budapest y el Art Nouveau

Para los que ya han estado no estaré contando nada nuevo cuando digo que pasear por las calles de Budapest es un regalo para la vista. Prácticamente por cualquier calle de Buda o de Pest se encuentran edificios con una armonía que cuesta encontrar en otras ciudades, e incluso las farolas y los bancos de la ciudad están en perfecta sintonía con el entorno.

Si hay un estilo que define la ciudad, ese es el Art Nouveau que en Hungría se conoce como Magyar Szecesszió o Secesión Húngara. A los amantes de la arquitectura en general, y del Art Nouveau en particular les recomiendo el Guide Map to Budapest’s Art Nouveau Architecture (1896-1914) un mapa dedicado a los edificios Art Nouveau en la capital húngara que puede encontrarse en algunas librerías y que no sólo abarca las obras construidas en el centro histórico sino también aquellas que se construyeron en los barrios periféricos.

Mapa con los edificios Art Nouveau de Budapest

Mapa con los edificios Art Nouveau de Budapest

El más antiguo de estos edificios seleccionados en el mapa y desde luego uno de los más famosos de Budapest es el que alberga el Museo de Artes Aplicadas. Construido entre 1892 y 1895 con motivo de la Exposición Milenaria de 1896, en él podemos ver cómo su arquitecto, Ödön Lechner se va alejando del predominante estilo historicista del momento en el Imperio austrohúngaro y comienza a dar formas nuevas, sinuosas, en las cuales se evitan las líneas rectas, se decora hasta el paroxismo y se adaptan ciertos aspectos intrínsecamente relacionados con la cultura húngara -pero también turca- a la decoración del edificio. Es un momento de euforia artística pero también de realce de un sentimiento patriótico y nacionalista pues finalmente Hungría era un reino y su capital, Budapest competía con Viena. Si bien hay artistas que están más influenciados por la Secesión vienesa, muchos arquitectos húngaros intentarán dejar una huella diferente, no adaptarán el Art Nouveau que se estaba desarrollando ya en París o Bruselas como una copia a rajatabla sino que van a conseguir imprimir un carácter único en el estilo Secesionista húngaro. Al ya citado Lechner se debe gran parte de la arquitectura Art Nouveau de la ciudad. Entre mis obras favoritas de este arquitecto (y que aparecen señaladas en el mapa) están: el Instituto Geológico (1897-1899), el fotografiadísimo edificio de la Caja Postal de Ahorros (1899-1902), la Villa Sipeki Balás (1905-1907) o el edificio de viviendas de la calle V. Irányi (1910).

Museo de Artes Aplicadas

Museo de Artes Aplicadas. Ödön Lechner

Instituto Geológico. Ödön Lechner

Instituto Geológico. Ödön Lechner

Antigua Caja Postal de Ahorros. Ödön Lechner

Antigua Caja Postal de Ahorros. Ödön Lechner

Interior Caja Postal de Ahorros. Lechner

Interior Caja Postal de Ahorros. Lechner

Antigua casa de Sipeki Balás. Obra de Lechner. 1905-1907

Antigua casa de Sipeki Balás. Obra de Lechner. 1905-1907

Como se ve Lechner al igual que otros arquitectos de la Secesión Húngara va a utilizar la cerámica como elemento decorativo y distintivo de la arquitectura modernista magiar. Para recubrir techos y detalles de la fachada utilizará los azulejos de Zolsnay que dan ese colorido único a los edificios de Budapest pero también de otras ciudades húngaras como Pécs, lugar en el cual está la fábrica. A Lechner se le ha comparado con Antoni Gaudí, y es cierto que hay grandes similitudes en sus obras, ambos le dan gran importancia al ladrillo y a la cerámica aunque Gaudí es mucho más exuberante que Lechner y los dos con sus obras han eclipsado el legado de otros arquitectos contemporáneos en sus respectivos países.

En Budapest además de los edificios de Lechner hay otros muchos dignos de una visita. Fascinante es la arquitectura del zoológico, construido poco antes de la Primera Guerra Mundial y en cuyos pabellones hay un ejemplo de arquitectura secesionista orientalizante inspirados en formas de India y Persia magistralmente mezclados con elementos nacionales propios de la arquitectura tradicional de Transilvania.

Casa de los Elefantes, zoológico de Budapest. Kornél Knüsli Neuschloss

Casa de los Elefantes, zoológico de Budapest. Kornél Knüsli Neuschloss

Mención especial tiene la obra de Frigyes Spiegel en la historia del Art Nouveau en Budapest. Spiegel, húngaro de Pest, se asociará con Fülöp Weinreb y ambos construirán las primeras obras de Art Nouveau sin los toques “nacionalistas” de los que hace gala Ödön Lechner. Para hacernos una idea, ambos arquitectos estarán construyendo al mismo tiempo, pero mientras Lechner busca un estilo que defina la identidad húngara, Spiegel está más cercano a la Secesión vienesa y obras como la Casa Lindenbaum, construida al mismo tiempo que la Majolikahaus de Otto Wagner en Viena nos da una idea de la fascinación de Spiegel por un Art Nouveau más austríaco que húngaro.

Casa Lindenbaum, Izabella utca. 1897-1898. Frigyes Spiegel & Fülöp Weinreb

Casa Lindenbaum, Izabella utca. 1897-1898. Frigyes Spiegel & Fülöp Weinreb

Otro de mis edificios favoritos es el antiguo Hungária Fürdö (Baños Húngaros) que hoy en día ha sido reformado y es un hotel y spa de lujo. Su fachada, de principios del siglo XX, obra de Emil Ágoston, es mucho más sencilla que la de otros edificios Art Nouveau de la ciudad pero la simplicidad de sus líneas es lo que la hace tan atractiva al igual que la maravillosa tipografía sobre el dintel.

Hungária Fürdö, hoy hotel Continental. Emil Ágoston, 1907-1910

Hungária Fürdö, hoy hotel Continental. Emil Ágoston, 1907-1910

Pero quizás sea el Palacio Gresham el edificio más fotografiado por todos aquellos amantes o no del Art Nouveau. Y es que el Gresham no deja indiferente a nadie, con una bellísima fachada, era la sede de una compañía aseguradora británica que mostró su poderío al encargar la construcción del inmueble al arquitecto Zsigmond Quittner, presidente de la Cámara de Arquitectos Húngaros, que llevará a cabo el encargo en colaboración con József Vágó. El resultado no dejó margen a la decepción pues concibieron uno de los edificios más bonitos de la capital del Danubio. Como curiosidad decir que este edificio fue utilizado como edificio de viviendas durante la época comunista y posteriormente fue comprado por la empresa que lleva la cadena Four Seasons  que lo convirtió en hotel.

Palacio Gresham. 1905-1907. Zsigmond Quittner

Palacio Gresham. 1905-1907. Zsigmond Quittner

Y como ya dije que en Budapest el Art Nouveau está por todas partes, habría que prestar atención a muchísimos más edificios y arquitectos que aquí no podré nombrar. Una pequeña selección serían: el edificio del Banco Török, la Villa Körössy, los grandes almacenes París, la Escuela Primaria y Secundaria de la calle Dob, la Sinagoga Ortodoxa, el Bazar Arcada de la calle Dohány, o los mundialmente conocidos baños Gellért.

Árkád Bazár, 1907. József y Lázsló Vágó

Árkád Bazár, 1907. József y Lázsló Vágó

Antigua sede del banco Török. 1906. Ármin Hegedüs  y Henrik Böhm

Antigua sede del banco Török. 1906. Ármin Hegedüs y Henrik Böhm

Escuela en la Dob utca. 1905-1906. Ármin Hegedüs y Henrik Böhm

Escuela en la Dob utca. 1905-1906. Ármin Hegedüs y Henrik Böhm

Villa Körössy. 1904-1905. Albert Kálmán Körössy

Villa Körössy. 1904-1905. Albert Kálmán Körössy

Y si no se quiere ir con un mapa pendiente de cada lugar que ver, animo al viajero a que cuando pasee por Budapest de vez en cuando alce la vista y seguramente se encontrará con alguna de estas joyas de la arquitectura europea.