Berlín por una gran poetisa cubana

Atardecer desde Warschauer Straße

Siempre me quedará Berlín

Berlín, amada ciudad, refugio y adalid, donde reposan todas mis verdades… inconmensurable espacio donde los pasos trituran el tiempo y luego se diluyen…
donde las sombras caen en ese minuto que late, del día que es noche, de noche que ya es día…
Quisiera hablarte ciudad de mis cuitas viejas y nuevas en soliloquio alegre pero me vuelvo una brasa que se aleja de tu realidad y se consume en el pedestal de un sueño incesante, de una psicopatía…
Ciudad de reflectores sonámbulos, de charcos de nieve callados, te veo desde el puente de todas mis miserias… te leo y escribo mientras hablo contigo, que es hablar conmigo… y vuelvo a ese instantáneo simulacro de la sonrisa del paseante… desde mi ventana…
El río oscuro corre bajo el puente de dolores que me está prometido…..
tal vez se aleje, poco a poco… todo corre, fluye, suave río… como fluyen las horas y los amores… que no son o que no fueron nunca amores… que son puentes como las palabras… que danzan atadas con su cadena de nombres… Berlín: si te hablo a tí es porque me hablo a mí misma… porque soy la mujer que has hecho de mí ahora, delante del soplo de un espejo… y no encuentro la sonrisa que me prometías… sólo sombras y el río cayendo a mis pies…
Es una invitación a saltar, descender a otro silencio… ?
Todo se disipa en el aire… en el tiempo… Todo… El dolor y el amor… que no era sino deseo espoleado por el deseo, llaga avivada por más laceraciones, celos hincados por la rabia, la soberbia de las palabras fingidas y las no dichas… la quimera de los estupores guardados, de las ansiedades que se convierten en única virtud…
Todo se disipa en el aire y en el tiempo. Todo… Hasta la propia muerte… Sólo el epitafio queda, eterno, en su jeroglífico de autodestrucción.

María Ares Marrero

 

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¿Qué ver y hacer en Berlín si tienes poco tiempo?

A través de este blog me han llegado muchos emails preguntándome cuánto tiempo se necesita para ver más o menos bien Berlín y cuáles serían esos lugares imprescindibles en el caso de no disponer de mucho tiempo.

Contesto a la primera pregunta: para ver bien Berlín como cualquier otra gran urbe, se necesita vivir en la ciudad durante un tiempo o ir varias veces pues con una superficie de 892 kilómetros cuadrados es imposible abarcarla en poco tiempo. Además hay que contar con el hecho de que la capital alemana fue durante 41 años dos ciudades que crecían una independiente de la otra, Berlín este como capital de la RDA y Berlín oeste como importante centro estratégico de la RFA pero sin capitalidad y dividida en sectores aliados.

Respecto a esos lugares imprescindibles, por supuesto que una pequeña selección siempre generará polémica por haberse incluido o dejarse de lado algo, también porque es una selección personal, basada en mi criterio y en lo que yo creo que puede ser más interesante para el que viaje a Berlín, aunque he intentado incluir un poco de todo.

Free Tour o Tour Gratis con SANDEMANs 
Tanto si tienes poco o mucho tiempo para visitar la ciudad, lo mejor es hacerse una idea general de la Historia berlinesa, conocer un poco los lugares por los cuales te vas a mover y descubrir anécdotas que quizá en ningún otro lugar podrías encontrar. Los tours gratuitos (bueno, se da al final la voluntad) de SANDEMANs son los más famosos en Europa y en Berlín alcanzan una fama merecidísima. Durante mis años viviendo en la capital acompañé a varios amigos de visita en este tour y siempre me sorprendió lo muchísimo que se aprendía con estos guías, la información tan completa que dan y la buena disposición que tienen. Salen todos los días a las 11 y a las 14 de un punto de encuentro frente al Starbucks cercano a la Puerta de Brandemburgo. El recorrido pasa entre otros lugares por el memorial a los judíos asesinados en Europa, las proximidades del búnker donde se suicidó Hitler, las oficinas centrales de la Aviación Alemana (Luftwaffe), o el Checkpoint Charlie. Otras empresas que hacen tours en español en la ciudad son CultourberlinHolaBerlin y ViveBerlin. Las tarifas varían mucho según el tour, el del centro histórico con Cultourberlin o ViveBerlin comienza con 10 euros para estudiantes y 12 euros si no lo eres.

Si la Historia de Berlín te ha parecido tan apasionante como a mí y a muchísimos visitantes que les engancha, entonces puedes seguir haciendo tours pagando por supuesto. Encontrarás infinidad de ellos como el de El Tercer Reich, el del Muro de Berlín o el del Campo de Concentración de Sachsenhausen (que ViveBerlin hace por 1 euro).

Para mí uno de los más fascinantes que hay es el que ofrece la asociación Berliner Unterwelten relacionados con los búnkeres, refugios antiaéreos subterráneos y demás. El personal está altamente cualificado, hay guías en español y de verdad es una de las visitas que más he disfrutado cuando he estado ¨turisteando¨por Berlín.

Torre de Televisión de Alexanderplatz
Sí, es turística y no es barata. Pero desde la Torre de Televisión tienes una vista de Berlín que no encontrarás en ningún otro lugar. El ascenso se hace muy rápido y una vez allá arriba puedes quedarte si quieres tomando algo en el restaurante (caro para lo que tienen) o en la parte de más abajo leyendo sobre los edificios y barrios que se aprecian desde tan considerable altura. El subir a la torre da una idea de cuán grande y plana es Berlín. Si tienes poco tiempo y quieres evitar colas, lo mejor es que compres la entrada por internet y así tienes ya tu horario y tipo de visita reservados. La más barata (igual que el precio de taquilla) es la entrada Early Bird para las visitas a primera hora cuando abre la torre (9 de la mañana en verano, 10 en invierno) sin hacer colas, el precio: 12,50.

*Restos del Muro de Berlín en la Bernauer Strasse
Si la East Side Gallery es la parte más famosa del muro de Berlín, el tramo que queda en la Bernauer Strasse es de los más auténticos que se pueda encontrar en la ciudad, también porque caminando por la calle hay paneles informativos, fotos de la época del muro y uno puede hacerse una idea muy clara de cómo afectó el muro de Berlín a la vida cotidiana de sus habitantes. Hay además un centro de información de entrada gratuita donde poder ahondar en la infame historia del muro. Quien quiera saber más sobre cuál era el recorrido original del muro o dónde encontrar más restos de este, torres de vigilancia, lugares conmemorativos, puede consultar en esta página en español.

Pergamonmuseum, Altes Museum, Neues Museum todos en la Isla de los Museos
Son muchos museos, ya lo sé, pero que cada uno escoja el que mejor le parezca, lo que no recomiendo es ir a Berlín y perder la oportunidad de ver estas magníficas colecciones de Arte Antiguo. El Museo de Pérgamo consta con verdaderas joyas como el Altar de Pérgamo, la Puerta de Ishtar y la vía procesional de Babilonia, la Puerta del Mercado de Mileto, la habitación de una casa de un comerciante cristiano de Alepo, los relieves asirios y el resto de la colección que aunque parezca más anónima es igual de impresionante.
El Altes Museum es el museo de Arte Antiguo con una amplia colección de arte griego, etrusco, romano, sobre todo en forma de esculturas, cerámica y mosaicos. Es un museo muy interesante pero si se tiene poco tiempo no me decantaría por él, aunque la ventaja es que hay menos público dentro con lo cual las obras se ven de una manera más relajada que en el de Pérgamo o en el Neues Museum.
El Neues Museum no es tan nuevo como su nombre indica. Lo construyeron en el siglo XIX para albergar el resto de la colección que no cabía en el Altes Museum. Durante la Segunda Guerra Mundial bombas e incendios causaron notables daños al edificio que estará en estado de abandono hasta 1985 cuando se intenten conservar los cimientos del inmueble, pero no será hasta 1997 que se planifique su reconstrucción y finalmente será inaugurado a finales de 2009.  La mayor parte de los visitantes llega atraída por la increíble colección de Arte Egipcio que tiene en el famosísimo busto de Nefertiti su obra cumbre. Pero no hay que olvidar la colección de Antigüedades Troyanas o la muy bien dispuesta colección dedicada a la Prehistoria y Protohistoria.

Ver los 3 museos en un día es una locura, por supuesto, pero para quien quiera saberlo hay un ticket para visitarlos todos en un día que cuesta 18 euros (17 si se compra en internet). Esta entrada conjunta también incluye la entrada a la Alte Nationalgalerie y al Bode-Museum. De comprar los tickets por separado el Pergamon y el Neues tienen un coste de 12 euros cada uno, el Altes de 10 e incluyen audioguía.

*Topografía del Terror, Niederkirchnerstrasse 8
Este lugar con un nombre que da escalofríos dará aún más malas vibraciones cuando se visite y se lea todo lo que aquí se gestó, el alcance de las acciones que aquí se planificaban, seguro que ya sabéis por dónde voy. La Topografía del Terror se refiere a los restos que quedan de un edificio que sirvió en época nazi de sede de la Policía Secreta (Gestapo), del mando de las SS y durante la II Guerra Mundial de Oficina Central para la Seguridad del Reich. Este lugar -que también funcionaba como centro de detención con celdas para prisioneros- es el núcleo del mal y desde aquí se llevará a cabo el control del abominable programa nazi de exterminio y persecución. Las explicaciones si mal no recuerdo sólo se encuentran en alemán e inglés.

Potsdamer Platz 
La Potsdamer Platz es de esos lugares que no sabes muy bien qué sentir cuando la ves -al menos es mi parecer-. Construida después de la Caída del Muro, la plaza que fue una especie de experimento arquitectónico no llega a conquistar a los berlineses a pesar de ser un lugar de referencia en la ciudad. La increíble torre de la Deutsche Bahn de Helmut Jahn y sus 103 metros de altura intenta competir con la igualmente alta Torre Kollhoff de Hans Kollhoff. El resultado del conjunto a mí personalmente no me gusta mucho, pero es un lugar que hay que ver si se va a Berlín. Lo más visitado quizá sea el Sony Center en el cual hay cines, cafés, tiendas y lo más interesante: el Filmmuseum (dedicado al Cine y la Televisión).  En la ya citada Torre Kollhoff está el Panoramapunkt desde donde ver buenas vistas de Berlín a mejor precio que en la Torre de Televisión (aunque sigo recomendando esta última). Quizá hay un elemento de la plaza que pase desapercibido al visitante pero que hay que tener en cuenta cuando se esté allí. El semáforo con reloj que domina uno de los extremos de la plaza es el testimonio del importante nudo de comunicaciones que fue la Potsdamer Platz durante gran parte del siglo XIX y sobre todo a principios del XX, siendo este semáforo el más antiguo de la Europa Continental (algunos dicen que en Hamburgo hubo uno antes) con fecha de 1924 -el que hoy vemos es una réplica.

Gemäldegalerie, Matthäikirchplatz
Si se atraviesa la Potsdamer Platz en dirección Potsdamer Strasse se llega a uno de mis lugares favoritos de Berlín. Eso sí, si no sois amantes de la pintura, de los grandes maestros de la pintura, podéis prescindir de esta visita. Si no os disgusta, incluidla en vuestro periplo porque es una maravilla la colección que alberga sin resultar tan extensa, pudiéndose ver en una tarde. Delicados Botticelli, minuciosos Van Eyck, magníficos Frans Hals, Rubens, Rembrandt, sólo el apartado dedicado a la pintura holandesa compensa haber entrado. También hay obras de Tiziano, Poussin, Durero o Caravaggio. La entrada cuesta 10 euros y los jueves está abierto hasta las 20.

*Häckesche Höfe, Rosenthaler Strasse 40-41
Los bonitos patios que conforman este lugar siempre tienen público, y no es por gusto. Estos patios interiores de principios del siglo XX cayeron en un notable abandono cuando Berlín formaba parte de la RDA pero ahora vuelven a exhibir todo su esplendor. Los locales que dan a los patios se han convertido en cafés, tiendas de ropa y objetos Made in Berlín, galerías de arte, e inclusive hay un cine y un teatro de variedades, el Chamäleon, que fundado en 1906, sobrevivió prácticamente a los destrozos de la guerra, pero no a la dejadez de la Alemania socialista. Hoy en día, magníficamente recuperado, el Chamäleon sigue entreteniendo a todos los amantes del teatro y los espectáculos de variedades.

*Träenenpalast, Reichstagufer 17
Este Palacio de las Lágrimas es otro de los lugares más emotivos de Berlín. Desde 1962 hasta 1990 los berlineses del Este que podían emigrar al Oeste se despedían aquí. Es un lugar con una gran carga emotiva, lleno de historias personales, de todos aquellos hasta luego que se convirtieron en nunca más, de los adioses, la partida y el vacío dejado por aquellos que se fueron. Es uno de los lugares más visitados en Berlín desde que se abrió al público hace apenas dos años.

*Oberbaumbrücke y East Side Gallery
Si has visto la película Corre Lola corre te sonará este peculiar puente de ladrillo con torrecillas que conecta los barrios de Kreuzberg y Friedrichshain separados por el río Spree. También testigo de la separación que sufrió Berlín, era el punto a través del cual ciudadanos de Alemania Occidental (RFA) podían entrar previa obtención de un visado y con el tiempo muy limitado a Berlín Oriental (RDA) y visitar la ciudad.
La East Side Gallery, justo al cruzar el puente hacia Friedrichshain, es ese pedazo de muro multicolor, pintado por 103 artistas de todas partes del mundo en el año 1990. Los mensajes que contienen algunas pinturas son bien interesantes y se aplican no sólo al Muro de Berlín sino a muchos muros, físicos e imaginarios que se construyen para dividir a las personas.

*Monumento soviético, Treptower Park
El más grande de los monumentos soviéticos que hay en Alemania es también un cementerio en el cual descansan los restos de aproximadamente 5 mil soldados soviéticos caídos en la batalla de Berlín. Silencioso, imponente, es un lugar que bien vale la pena ver para aportar un grano de arena en la complicada Historia reciente de Alemania en general y de Berlín en particular. El monumento se encuentra dentro del Treptower Park que también merece un paseo si se dispone de tiempo, el camino bordeando el río es muy agradable si no hace mucho frío.

Filarmónica de Berlín
El edificio de la Berliner Philarmoniker merece en sí una visita. Si bien no es tan grande o impactante desde fuera, destaca su perfecta acústica y las formas inusuales de su trazado. Si se puede visitar a la vez que se va a un concierto mejor aún, pero si no, existen tours guiados para visitar el edificio en gran variedad de idiomas, español incluido. El coste es de 5 euros y comienzan cada día a la 1:30, con una duración de 1 hora.

*Karl-Marx-Allee
Quien quiera hacerse más o menos una idea de cómo era el Berlín de construcción soviética puede ir hasta Frankfurter Tor (U5) y caminar por la Karl-Marx-Allee, una avenida construida durante los años ’50 como eje principal y antagonista de la Ku’damm en el oeste. En sus orígenes la Karl-Marx-Allee se llamó Stalinallee pero en 1961 el nombre será cambiado y la estatua de Stalin será desmantelada. Los primeros edificios de la Karl-Marx-Allee son los más impresionantes y tienen un aspecto bastante clasicista además de ser modelos estándares muy parecidos a los que podrían encontrarse en otras capitales soviéticas. Estos edificios albergaban viviendas “para trabajadores” y en las plantas bajas había cafés, tiendas, restaurantes, para que la vida se desarrollara en los alrededores de la avenida. Si se avanza desde Frankfurter Tor hacia Alexanderplatz nos encontramos con verdaderas joyas y sitios emblemáticos de la época, el Kino Kosmos (un cine de principios de los ’60 que hoy es sede de espectáculos), el Café Sybille (abierto en 1953 hoy en día además de café también es centro de información sobre la historia de la avenida y sus edificios), la plaza Strausberger con sus impresionantes edificios y la fuente (que sale en la apertura de créditos de Good bye Lenin), el Café Moskau, construido a principios de los ’60, era uno de los restaurantes “nacionales” que había en el Berlín este en el cual por supuesto podía adentrarse uno en la gastronomía rusa. Hoy en día es un lugar de eventos, hasta hace poco fue una sala de fiestas y en su exterior pueden verse los murales originales con un repertorio iconográfico soviético. Casi enfrente está el Kino Internacional, contemporáneo del Café Moskau y que aún se utiliza como cine.

Autobús 100 Alexanderplatz-Zoologischer Garten
Una de las mejores maneras (y más baratas) de ver Berlín es desde el segundo piso de la ruta 100 que recorre en media hora del Berlín este al corazón del Berlín oeste. El bus 100 como si de un autobús turístico se tratase pasa en su recorrido por edificios y lugares emblemáticos de Berlín como la Staatsoper en Unter den Linden, el edificio del Reichstag, la Haus der Kulturen der Welt, el palacio Bellevue (donde residen los cancilleres de Alemania), la Columna de la Victoria y así hasta llegar al Zoologischer Garten. Una vez allí se puede hacer el camino a la inversa en el bus 200 que pasa por el Tiergarten y el edificio de la Filarmónica, Potsdamer Platz y así hasta llegar al punto de partida: Alexanderplatz.

Para terminar una de las jornadas en la capital alemana recomiendo visitar uno de los lugares más fascinantes y originales de Berlín, el Clärchens Ballhaus, no se arrepentirán.

*El asterisco indica que es un espacio público o de entrada gratuita.

En el caso de los museos estatales como son todos los que están en la Isla de los Museos o la Gemäldegalerie, en teoría los jueves a partir de las 18:00 son gratis. El problema reside en que la mayoría no pueden verse en las 2 horas de las que consta este marco de tiempo gratuito.

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La nostalgia de un lugar y de un momento

Hoy no tenía pensado escribir en el blog. Tenía mil cosas en mente, pero ninguna pasaba por escribir.

Hasta que encontré este precioso vídeo en Vimeo, Eine Liebesgeschichte (una historia de amor). Dedicado a Berlín, a todos aquellos que se han enamorado alguna vez de un lugar y momento preciso, que por más que se intente repetir en otras geografías no se logra. Muchas veces he intentado explicar lo que me unía a esa ciudad, lo que la hace tan especial aún hoy que no vivo en ella. Creo que las palabras de este vídeo ayudan.

Imposible intentar diseccionar aquí lo que he sentido. Pero han venido tantos buenos recuerdos a mi mente. El olor de la ciudad en primavera y verano, cuando todo parece empezar a vivir al cien por cien tras salir del letargo invernal. El sonido de una urbe única, en la que cual Babel se oyen mil lenguas que le dan ese aspecto de capital del esperanto. El ver a los que llegan con la misma ilusión que tú alguna vez llegaste y que encuentran como tú los mismos motivos para amarla. Berlín puede no ser especial per se, quizás no es más que la historia de todos aquellos que una vez intentaron conquistarla lo que la hace fascinante. Esas primeras horas de andar por una ciudad que te supera a todos los niveles, un antes y un después en tu vida queda marcado, como advirtiendo del peligro de amar tanto un objeto tan promiscuo. Tras varias idas y venidas por el mundo, no he encontrado lugar igual. ¿O es que no hubo momento igual? En cualquier caso, ella fue el lugar y el instante.

Volver siempre es una opción, pero se corre el riesgo de terminar anclado en el pasado, en un pasado casi perfecto, pero que es eso, un tiempo que ya terminó.

En cualquier caso, danke Berlín por los buenos tiempos.

Museo Etnológico y Museo de Arte Asiático de Berlín

Su ubicación en Dahlem al sur de Berlín donde también se encuentra el Museo de Culturas Europeas hace que esta zona compita con la mismísima Isla de los Museos, sin embargo estos tres museos pasan desapercibidos para cientos de miles de visitantes que cada año visitan la capital alemana. Tanto el Museo Etnológico como el Museo de Arte Asiático son dos visitas a tener en cuenta para los que están interesados en la Arqueología, el Arte y la Antropología.

Un gran aliciente para visitarlos -además de por las coleccioness- es el que no se encuentren dentro del “circuito turístico convencional” lo cual se traduce en que no se ven multitudes y se puede disfrutar tranquilamente de la visita, evitando las colas de otros lugares de la ciudad e ideal para leer los paneles informativos con calma.

El Museo Etnológico de Berlín forma parte de una gran conjunto expositivo en el cual hay más de 500,000 piezas de diversas procedencias y tipologías. Siendo el más grande de su categoría en Europa, tiene diferentes colecciones de varias áreas geográficas muy bien expuestas y explicadas. En él nos podemos acercar a la América Precolombina, tanto al área mesoamericana como al Caribe y al área andina, pero también incluye una amplia colección de objetos, herramientas y arte de América del Norte.

Otra colección muy interesante es la que vemos en las salas dedicadas a África, con interesantes máscaras, esculturas, instrumentos musicales, etc. que nos explican la importancia de las danzas rituales en el desarrollo de las sociedades tribales africanas, los rituales para lograr buenas cosechas, los que están relacionados con la iniciación en la pubertad o la maternidad.

Figura reliquia mbutu-viti procedente de Gabón o República del Congo. Siglo XIX

Figura reliquia mbutu-viti procedente de Gabón o República del Congo. Siglo XIX

Figura Kru, Liberia. Mediados del siglo XIX

Figura Kru, Liberia. Mediados del siglo XIX

También las manifestaciones artísticas de remotos lugares de Oceanía como Micronesia, Melanesia y Australia o Nueva Zelanda están representadas en el museo desvelando interesantes datos como pueden ser la manera de construir, su música  y otros aspectos de la vida aborigen.

En el caso del Museo de Arte Asiático su colección abarca el continente asiático paseándonos por Afganistán, Uzbekistán y demás países que formaron parte de la Ruta de la Seda, así como también el arte clásico de Gandara, el Budismo en la India, Pakistán o Nepal, el Arte Islámico de los países asiáticos y unas excelentes muestras de arte en China, Indonesia, Korea o Japón.

Devata, s. V d.C. Shorchuk /Qigexing, China

Devata, s. V d.C. Shorchuk, China

Skanda Kartikeya, India

Skanda Kartikeya, India

 Cómo llegar

Para ir desde Mitte, se puede tomar el SBahn 7 en Hackescher Markt y tras hacer trasbordo en la estación de Zoologischer Garten se toma el U9 hasta Dahlem Dorf desde donde hay que caminar 5 minutos. El trayecto aproximado desde Mitte hasta Dahlem Dorf es de 30 minutos.

Si estás pensando ir a Berlín y quieres saber de otros lugares que visitar quizá te interesen otros posts sobre la ciudad

Pasajes Subterráneos

Clärchens Ballhaus, donde aún se respira el Berlín de entreguerras

Viajando por Alemania con Mitfahrgelegenheit

Lo que extraño de Berlín

No hace apenas un mes que he dejado Berlín pero casi que me veo obligada a escribir este post tras escuchar la misma pregunta una y otra vez. ¿No extrañas Berlín? Es quizá la pregunta que me viene acompañando desde que he vuelto a España antes de seguir mi aventura por lo que he llamado “Piratas del Caribe” (esto de por sí merece una entrada aparte).

Pues bien, no, no echo de menos o extraño Berlín en sí misma. No extraño la ciudad, ni el frío, ni la nieve, ni mi casa allá. Extraño solamente a las personas que he dejado de ver. A mis queridas amistades con las cuales me comunico por Email,  Facebook o Skype pero no hace falta decir que no es igual.

Y hay otra cosa que extraño de Berlín. Las sopas vietnamitas. Esas sopas de verdura con mucho cilantro, cebollino, brotes de soja y tofu que me alimentaron durante esos casi 4 años y que fueron el mejor remedio contra la resaca jamás visto. Eso aquí me va a costar encontrarlo y aunque parezca banal es el aspecto de vivir en Berlín que más extraño.

Sopa vietnamita cortesía de Una mesa verde

Sopa vietnamita cortesía de Una mesa verde

Seguramente esta entrada tendrá continuidad en algún: Lo que extraño de Berlín II Parte cuando de verdad empiece a sentir nostalgia y falta de la ciudad. Pero por ahora creo que he contestado las preguntas que me van persiguiendo cada día.

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¿A qué huelen los recuerdos?

Cada ciudad tiene un olor característico, un aroma específico que hace que al pensar en ella evoques olores o que al sentir un determinado aroma vengan de golpe una serie de recuerdos que se desarrollan en otro lugar.

La Habana en mis recuerdos huele a mar, a salitre, a brisa marina, a alcantarillado viejo y pestilente y a hierba mojada tras un aguacero. En mis recuerdos se fija el olor a franchipán y a guayaba, a piscuala y galán de noche.

Flor de franchipan (frangipani)

Valencia en cambio huele a  naranja y a estiércol de huerta, a pólvora y churros, a café con leche de máquina y a azahar en abril y mayo. A libros y hojas de papel, a la biblioteca de la Facultad de Geografía e Historia, con su olor a nuevo, a madera.

Berlín es un crisol de olores, unos agradables, otros no tanto. Berlín huele a canela, a cardamomo, a curry y otras tantas especias. A kebab, a cerveza derramada y orine por igual. Berlín huele a salchicha, a pizza recién hecha, a carbón ardiente, a tronco mojado en otoño y a rosas, peonias y hortensias en primavera y verano. Y durante todo el año el humo de incontables cigarros impregna el ambiente, sólo dominado por el olor del café.

el olor de las peonia es inconfundible

Y con cada olor vienen los recuerdos.

Un día “mataperreando” en el “diente de perro” (roca afiladas muy comunes en el litoral habanero), quedándome arrugada de estar tantas horas en el agua, sin apenas notarlo. Un paseo por La Habana Vieja con sus peculiares olores que son dignos de la época colonial por la falta de mantenimiento del alcantarillado metropolitano. Un atardecer en el malecón habanero mientras hueles y saboreas el salitre que se va adhiriendo a la piel. La esquina de mi casa en Cuba con un franchipan lleno de orugas amarillas y negras. La niñez, la adolescencia.

Luego estos olores cambian y recuerdan otra época y casi que a otra persona. El azahar valenciano en el mes de abril y el olor a sol que calienta la tierra. Las noches sin dormir caminando por una ciudad que nunca siento mía mientras contamino mis pulmones con la pólvora y los restos de material pirotécnico. Cierro los ojos y me veo sentada, estudiando y el olor del papel y de las bebidas energéticas me rodea. La fragancia de la pintura recién seca en una galería, el olor a papel de embalar, a cuadro recién pintado, a perfume de Chanel de una persona querida.

También el olor a pino del Mediterráneo me acompaña en esos años y se mezcla con sentimientos de amor y de extrañeza.
El final de la adolescencia, la juventud, aquellos lindos años.

Unos años más tarde el inconfundible olor de la primavera berlinesa me conmueve, me recuerda aquel 20 de abril que cambié de ciudad y con ello de olores. El olor a madera del apartamento de Schönhauser Allee, el aroma de los árboles en plena explosión de verdor, momentos de intensidad, de mucha intensidad. La madurez.

Y es que ¿qué seríamos sin los olores que nos acompañan a lo largo de nuestra vida? Por no decir las fragancias que nos recuerdan a las personas queridas, pero ese sería otro post. Por ahora quiero deleitarme con el recuerdo y la nostalgia de las ciudades y épocas pasadas.

Gastronomía en Berlín: Sasayeando

Acabo de llegar de uno de esos lugares que sé que extrañaré mucho cuando ya no viva aquí. De hecho, extrañaré muchos lugares, pero el Sasaya es de esos rincones que no se encuentran en cualquier parte del mundo (a no ser en Japón).

Sasaya

Sasaya es un pequeño restaurante japonés del cual me enamoré nada más verlo. No es que haya mucha decoración, de hecho apenas hay nada decorativo, es el minimal llevado a la máxima expresión sin ninguna pretensión. Pero lo más interesante del Sasaya no tiene que ver con su aspecto sino con lo que se respira nada más entrar. En más de 3 años que  llevo yendo nunca he visto a un camarero o cocinero occidental, al traspasar el umbral es como entrar en Japón pues todo el personal es japonés, lo que lo hace mucho más auténtico y permite disfrutar de esa “delicadeza” japonesa en el trato, en el servicio, en los pequeños detalles.

Ya al ver la carta uno siente que está en un lugar distinto y muy genuino que no tiene nada que ver con esas copias malas de restaurantes japoneses regentados por otros asiáticos que aprovechan el “gancho” japonés para vender comida asiática y sushi.

En el Sasaya el Sushi por supuesto es espectacular, destacando todos los makis y los inside-out, pero también merecen muchísimo la pena el Chirashi, el Tempura (ligerísimo), los Gyouza, y por supuesto, pedir un Omakase al sempiterno chef que siempre está atento mirando a quién entra y quién se va y sonriendo mientras con sus ágiles manos limpia, corta, monta y decora.

chef del Sasaya

exquisitos nigiri e inside-out

Otra cosa que adoro del Sasaya es ese buen gusto por los detalles como bien dije antes. Los cuencos, las tazas, los aperitivos de la casa que te ponen mientras esperas, todo está tan cuidado y bien servido! Y el cabernet sauvignon chileno blanco que tienen, exquisito.

Seguro que estarán pensando que comer allí será carísimo, pues no, no lo es, de hecho es un restaurante más bien barato. Por 3 euros puedes tener 6 piezas de maki o nigiris, y por un poco más 8 inside-out. Y ricos, con un atún rojo excepcional.

exquisito Cabernet chileno

Eso sí, al Sasaya hay que llamar con antelación para encontrar sitio pues es un lugar muy concurrido y siempre hay familias japonesas comiendo o cenando, indicativo de que la comida es casi como en Japón.