Budapest y el Art Nouveau

Para los que ya han estado no estaré contando nada nuevo cuando digo que pasear por las calles de Budapest es un regalo para la vista. Prácticamente por cualquier calle de Buda o de Pest se encuentran edificios con una armonía que cuesta encontrar en otras ciudades, e incluso las farolas y los bancos de la ciudad están en perfecta sintonía con el entorno.

Si hay un estilo que define la ciudad, ese es el Art Nouveau que en Hungría se conoce como Magyar Szecesszió o Secesión Húngara. A los amantes de la arquitectura en general, y del Art Nouveau en particular les recomiendo el Guide Map to Budapest’s Art Nouveau Architecture (1896-1914) un mapa dedicado a los edificios Art Nouveau en la capital húngara que puede encontrarse en algunas librerías y que no sólo abarca las obras construidas en el centro histórico sino también aquellas que se construyeron en los barrios periféricos.

Mapa con los edificios Art Nouveau de Budapest

Mapa con los edificios Art Nouveau de Budapest

El más antiguo de estos edificios seleccionados en el mapa y desde luego uno de los más famosos de Budapest es el que alberga el Museo de Artes Aplicadas. Construido entre 1892 y 1895 con motivo de la Exposición Milenaria de 1896, en él podemos ver cómo su arquitecto, Ödön Lechner se va alejando del predominante estilo historicista del momento en el Imperio austrohúngaro y comienza a dar formas nuevas, sinuosas, en las cuales se evitan las líneas rectas, se decora hasta el paroxismo y se adaptan ciertos aspectos intrínsecamente relacionados con la cultura húngara -pero también turca- a la decoración del edificio. Es un momento de euforia artística pero también de realce de un sentimiento patriótico y nacionalista pues finalmente Hungría era un reino y su capital, Budapest competía con Viena. Si bien hay artistas que están más influenciados por la Secesión vienesa, muchos arquitectos húngaros intentarán dejar una huella diferente, no adaptarán el Art Nouveau que se estaba desarrollando ya en París o Bruselas como una copia a rajatabla sino que van a conseguir imprimir un carácter único en el estilo Secesionista húngaro. Al ya citado Lechner se debe gran parte de la arquitectura Art Nouveau de la ciudad. Entre mis obras favoritas de este arquitecto (y que aparecen señaladas en el mapa) están: el Instituto Geológico (1897-1899), el fotografiadísimo edificio de la Caja Postal de Ahorros (1899-1902), la Villa Sipeki Balás (1905-1907) o el edificio de viviendas de la calle V. Irányi (1910).

Museo de Artes Aplicadas

Museo de Artes Aplicadas. Ödön Lechner

Instituto Geológico. Ödön Lechner

Instituto Geológico. Ödön Lechner

Antigua Caja Postal de Ahorros. Ödön Lechner

Antigua Caja Postal de Ahorros. Ödön Lechner

Interior Caja Postal de Ahorros. Lechner

Interior Caja Postal de Ahorros. Lechner

Antigua casa de Sipeki Balás. Obra de Lechner. 1905-1907

Antigua casa de Sipeki Balás. Obra de Lechner. 1905-1907

Como se ve Lechner al igual que otros arquitectos de la Secesión Húngara va a utilizar la cerámica como elemento decorativo y distintivo de la arquitectura modernista magiar. Para recubrir techos y detalles de la fachada utilizará los azulejos de Zolsnay que dan ese colorido único a los edificios de Budapest pero también de otras ciudades húngaras como Pécs, lugar en el cual está la fábrica. A Lechner se le ha comparado con Antoni Gaudí, y es cierto que hay grandes similitudes en sus obras, ambos le dan gran importancia al ladrillo y a la cerámica aunque Gaudí es mucho más exuberante que Lechner y los dos con sus obras han eclipsado el legado de otros arquitectos contemporáneos en sus respectivos países.

En Budapest además de los edificios de Lechner hay otros muchos dignos de una visita. Fascinante es la arquitectura del zoológico, construido poco antes de la Primera Guerra Mundial y en cuyos pabellones hay un ejemplo de arquitectura secesionista orientalizante inspirados en formas de India y Persia magistralmente mezclados con elementos nacionales propios de la arquitectura tradicional de Transilvania.

Casa de los Elefantes, zoológico de Budapest. Kornél Knüsli Neuschloss

Casa de los Elefantes, zoológico de Budapest. Kornél Knüsli Neuschloss

Mención especial tiene la obra de Frigyes Spiegel en la historia del Art Nouveau en Budapest. Spiegel, húngaro de Pest, se asociará con Fülöp Weinreb y ambos construirán las primeras obras de Art Nouveau sin los toques “nacionalistas” de los que hace gala Ödön Lechner. Para hacernos una idea, ambos arquitectos estarán construyendo al mismo tiempo, pero mientras Lechner busca un estilo que defina la identidad húngara, Spiegel está más cercano a la Secesión vienesa y obras como la Casa Lindenbaum, construida al mismo tiempo que la Majolikahaus de Otto Wagner en Viena nos da una idea de la fascinación de Spiegel por un Art Nouveau más austríaco que húngaro.

Casa Lindenbaum, Izabella utca. 1897-1898. Frigyes Spiegel & Fülöp Weinreb

Casa Lindenbaum, Izabella utca. 1897-1898. Frigyes Spiegel & Fülöp Weinreb

Otro de mis edificios favoritos es el antiguo Hungária Fürdö (Baños Húngaros) que hoy en día ha sido reformado y es un hotel y spa de lujo. Su fachada, de principios del siglo XX, obra de Emil Ágoston, es mucho más sencilla que la de otros edificios Art Nouveau de la ciudad pero la simplicidad de sus líneas es lo que la hace tan atractiva al igual que la maravillosa tipografía sobre el dintel.

Hungária Fürdö, hoy hotel Continental. Emil Ágoston, 1907-1910

Hungária Fürdö, hoy hotel Continental. Emil Ágoston, 1907-1910

Pero quizás sea el Palacio Gresham el edificio más fotografiado por todos aquellos amantes o no del Art Nouveau. Y es que el Gresham no deja indiferente a nadie, con una bellísima fachada, era la sede de una compañía aseguradora británica que mostró su poderío al encargar la construcción del inmueble al arquitecto Zsigmond Quittner, presidente de la Cámara de Arquitectos Húngaros, que llevará a cabo el encargo en colaboración con József Vágó. El resultado no dejó margen a la decepción pues concibieron uno de los edificios más bonitos de la capital del Danubio. Como curiosidad decir que este edificio fue utilizado como edificio de viviendas durante la época comunista y posteriormente fue comprado por la empresa que lleva la cadena Four Seasons  que lo convirtió en hotel.

Palacio Gresham. 1905-1907. Zsigmond Quittner

Palacio Gresham. 1905-1907. Zsigmond Quittner

Y como ya dije que en Budapest el Art Nouveau está por todas partes, habría que prestar atención a muchísimos más edificios y arquitectos que aquí no podré nombrar. Una pequeña selección serían: el edificio del Banco Török, la Villa Körössy, los grandes almacenes París, la Escuela Primaria y Secundaria de la calle Dob, la Sinagoga Ortodoxa, el Bazar Arcada de la calle Dohány, o los mundialmente conocidos baños Gellért.

Árkád Bazár, 1907. József y Lázsló Vágó

Árkád Bazár, 1907. József y Lázsló Vágó

Antigua sede del banco Török. 1906. Ármin Hegedüs  y Henrik Böhm

Antigua sede del banco Török. 1906. Ármin Hegedüs y Henrik Böhm

Escuela en la Dob utca. 1905-1906. Ármin Hegedüs y Henrik Böhm

Escuela en la Dob utca. 1905-1906. Ármin Hegedüs y Henrik Böhm

Villa Körössy. 1904-1905. Albert Kálmán Körössy

Villa Körössy. 1904-1905. Albert Kálmán Körössy

Y si no se quiere ir con un mapa pendiente de cada lugar que ver, animo al viajero a que cuando pasee por Budapest de vez en cuando alce la vista y seguramente se encontrará con alguna de estas joyas de la arquitectura europea.

La Bauhaus en Dessau

Edificio de la Bauhaus en Dessau

Edificio de la Bauhaus en Dessau

Quizá el único motivo que encuentre el viajero para hacer una parada en Dessau es conocer los edificios de la famosa Bauhaus. Y es que tras abandonar Weimar en aquellos convulsos años de la década de los ’20, los artífices de la Bauhaus decidieron trasladar la escuela a Dessau por razones políticas y también económicas. Aquí será donde se desarrolle gran parte de la línea de pensamiento que tan famosa será y que aún hoy en día sigue influenciando a arquitectos y diseñadores de todo el mundo. Tomando la célebre frase de Louis Sullivan la forma sigue la función, la Bauhaus será una escuela innovadora en la cual las formas se supeditan al uso, se depuran las líneas para dar paso al detalle, se introduce el diseño gráfico e industrial como una profesión más tal y como la conocemos actualmente, se crea una tipografía de líneas simples y geométricas que tuviese un carácter universal, pero también se adaptan la vida del profesorado y los estudiantes que van a tener una especial sinergia, colaborando estrechamente en la preparación de fiestas temáticas y otras celebraciones para las cuales se elabora vestuario, se diseñan y construyen escenarios efímeros, en definitiva, la creatividad no era un aspecto que se quedase en las aulas y talleres en los horarios lectivos.

Lámpara dentro del edificio de la Bauhaus

Lámpara dentro del edificio de la Bauhaus

La Bauhaus había sido creada en Weimar en 1919 y sus antecedentes más directos habían sido la Escuela Ducal de Arte de Weimar y la Escuela Ducal de Artes y Oficios dirigida por el arquitecto belga Henry Van de Velde bajo el patrocinio del último Gran Duque de Sajonia-Weimar-Eisenach. En esta escuela se palpaban las ideas que ya hubiese expuesto el máximo representante del Arts and Crafts, William Morris. La elaboración artesanal y la concepción de un espacio unificado con el diseño, el mobiliario y en el cual hasta los más pequeños detalles están relacionados serán los fundamentos bajo los cuales Van de Velde dirigirá la escuela pero también los aplicará en sus obras. Un ejemplo de ello es la magnífica Haus Hohe Papeln la casa residencial de Van de Velde en Weimar en la cual nos quedamos asombrados ante la unidad del diseño y el esmero en cada pieza, desde una silla al picaporte.

Interior de la Haus Hohe Papeln en Weimar

Interior de la Haus Hohe Papeln en Weimar

Será esta la semilla de la cual germine la Bauhaus de Gropius que toma el relevo de Van de Velde y lleva sus ideas aplicadas en Weimar mucho más lejos al intentar aunar todas las artes bajo un mismo techo creando una obra de arte unificada. Para Gropius era importante el carácter interdisciplinar de la escuela. En ella la formación sería diferente, con grandes conocimientos no sólo sobre diseño sino también acerca de los procesos manuales que conlleva cada obra según disciplina, material, etc. Se intenta hacer de cada artista un artesano, sin jerarquía de “artes” tomando como referente el trabajo gremial medieval. Otra de las necesidades con las cuales se va a enfrentar la Bauhaus será la de abaratar costes, crear productos de cierta belleza y funcionalidad pero también a precios asequibles para una gran mayoría.

Volviendo a Dessau, adonde se traslada la escuela cuyo buque insignia es el edificio de la Bauhaus diseñado por Walter Gropius como centro educativo con aulas, talleres, despachos y habitaciones de alumnos, hoy en día pueden visitarse muchos de estos espacios y hay interesantes exposiciones permanentes y temporales sobre el inmueble y la escuela en general. Además pueden visitarse no lejos de allí las llamadas casas de los maestros, la casa Kornhaus -actualmente un restaurante- y en la periferia la colonia Törten, un complejo de viviendas adosadas que debía resolver la escasez de alojamiento social en la ciudad.

Una de las casas de los maestros, Dessau

Una de las casas de los maestros, Dessau

Sea el visitante un amante o no de la arquitectura, lo que no pasará desapercibido ante él es la vanguardia de la Bauhaus y la gran deuda que tienen la arquitectura, el diseño o la decoración actual para con ella. Edificios que siguen los preceptos de la Bauhaus nos rodean en cada ciudad, el diseño de tantos y tantos objetos cotidianos están inspirados en aquella Bauhaus nacida en una joven República de Weimar. ¿Quién no ha visto la mil veces replicada silla Wassily de Marcel Breuer o la archiconocida lámpara Bauhaus de Wilhem Wagenfeld?

Silla Wassily, Marcel Breuer

Silla Wassily, Marcel Breuer

Lámpara Bauhaus, Wilhem  Wagenfeld, 1924

Lámpara Bauhaus, Wilhem Wagenfeld, 1924

Por eso si se dispone del tiempo suficiente (se encuentra a sólo hora y media de Berlín y muy cerca de Leipzig o de Dresden) es una excursión a tener en cuenta para conocer más de la historia reciente de Alemania y adentrarse en el fascinante mundo de la creatividad de la Bauhaus y la Arquitectura Moderna.

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Pigments, arte comprometido

Hace poco más de un mes siguiendo con mi propósito de visitar todo lo que pueda durante mi estancia en Martinica hice una visita a la famosa Habitation Clément. El término Habitation se refiere a antiguas casas rurales en las cuales vivían terratenientes blancos y la mayoría de ellas se encontraban dentro de plantaciones azucareras con sus correspondientes destilerías.

No voy a contar aquí mi visita a la Habitation y los terrenos en sí -la cual recomiendo encarecidamente a quien venga a Martinica- sino a las salas dedicadas a exposiciones temporales de Arte Contemporáneo que se encuentran en antiguos almacenes y dependencias de la plantación. Todas ellas se encuentran bajo el patrocinio de la Fondation Clément, entidad encargada de preservar el patrimonio antillano y del océano índico, que actúa como mecenas y organiza verdaderas maravillas en esta pequeña isla del Caribe.

La Cuverie es uno de estos templos del arte, una sala que sería al arte contemporáneo lo que un oasis al desierto. Un lugar necesario, que sirve para olvidarse durante un rato de tanto sol, tanto verde y tanta caña de azúcar y cambiar el paisaje real por el imaginario, por otras geografías, texturas y realidades.

Tuve la suerte de visitar La Cuverie durante la exposición Guyanes>Pigments dedicada al arte que actualmente se está haciendo en parte del macizo guayanés, en este caso específico, se centrándose en la Guayana Francesa, Surinam y Brasil. El título de la exposición no sólo aludía a los pigmentos utilizados para dar color en la pintura, sino que es un homenaje a la poesía  de León-Gontran Damas, Pigments, una de las obras cumbres de la literatura de la Guayana Francesa que será pionera en aquello que se conoció como la Négritude (negritud). Partiendo de la poesía de Damas, el aparente hilo conductor es la naturaleza y la identidad como pueblo. El arte más apegado a lo telúrico, a las raíces, a las fibras naturales, a obras que parecen tótems y que recuerdan un arte más naïve o ancestral -si es que acaso no son lo mismo-. Frente a un escudo pintado me siento transportada a una época remota y ya no sé si lo que estoy viendo es una obra contemporánea cuyo autor como yo supongo imbuido por una iconografía occidental, postmodernista, o si estoy ante un escudo realizado por un aborigen australiano y que bien podría encontrarse en un museo etnográfico. Tal es la falsa inmovilidad del arte guayanés. Pero es una fachada, detrás hay otro discurso. El discurso identitario en regiones con un conflicto colonizador. El discurso antiesclavista, anticolonialista, la crítica a la departamentalización injerente (la Guayana Francesa sigue siendo un territorio de ultramar francés) y el ensalzamiento de las raíces africanas y de la cultura rastafari. Lo que en un principio podría parecer arte indigenista no es más que el continente que alberga un contenido de protesta.

Uno de los trabajos que más impacta es la serie Traces/Mémoires del fotógrafo Jean-Luc de Laguarigue. Partiendo de escenarios tan tétricos como fueron las colonias penales de Francia en las islas de la Guayana Francesa, Laguarigue hace un repaso no sólo a la crueldad en sí misma de los trabajos forzados y la privación de la libertad, sino a la existencia de una doble condena, la de la invisibilidad de estos reclusos ante Francia. El encontrarse en el más absoluto ostracismo en una isla llena de maleza y rodeada de agua era aún peor que trabajar de sol a sol. Y muchos de los condenados eran presos políticos. Laguarigue, de origen martiniqués, va a recorrer los mismos lugares por los cuales pasaron con mucha pena y sin ninguna gloria miles de hombres con causas diversas. Desde asesinos y ladrones hasta militares acusados de traición como fue el célebre Alfred Dreyfus -declarado inocente algunos años más tarde.

En una pequeña celda de aspecto aséptico encontramos una fotografía que testimonia el paso de los presos por estas islas. Nombres, fechas, letras, dibujos pintados sobre los muros, cualquier recuerdo que pudiera darles un hálito de esperanza para mantenerse vivos. No es una casualidad que ese fragmento de muro traiga a mi mente el Art Brut en general y a Dubuffet en particular. Es el testimonio del desespero, de la irreversible pérdida de la cordura.

Traces/Mémoires. Jean-Luc de Laguarigue

Traces/Mémoires. Jean-Luc de Laguarigue

Traces/Mémoires. Jean-Luc de Laguarigue

Traces/Mémoires. Jean-Luc de Laguarigue

Y la crítica continúa con Déportations de Fabrice Loval. Una larga tela a modo de friso se convierte en testimonio de la Historia de un territorio (no podemos decir país) fundado con esclavitud y sometimiento. Y a través de esta obra y su lograda narratividad volvemos a viajar en el tiempo y sentir que estamos ante una pintura rupestre, tal es su primitivismo. Las figuras no son más que siluetas, no hay rasgos que los caractericen, nada los define, son seres sin nombre que serán arrancados de su entorno. 

Déportations. Fabrice Loval. Acrílico sobre tela

Déportations. Fabrice Loval.
Acrílico sobre tela

Detalle de Déportations. Fabrice Loval. Acrílico sobre tela.

Detalle de Déportations. Fabrice Loval. Acrílico sobre tela.

No menos comprometida es la obra de Kurt Nahar, artista surinamés que bajo la influencia dadaísta nos recuerda los trágicos acontecimientos de diciembre de 1982, cuando 15 opositores a la dictadura militar de Desi Bouterse fueron asesinados en circunstancias aún hoy sin esclarecer. Con Fort Bomika, instalación que consta de un teléfono y sonido, al descolgar el auricular se reproduce un discurso revolucionario al más puro estilo Malcom X que nos recuerda que la revolución es lucha, y que la revolución global es necesaria. No podría ser más actual y pienso en si los contextos se repiten cada cierto tiempo, y llego a la conclusión de que si bien los actores cambian, siempre quedan revoluciones por hacer, luchas por continuar, reivindicaciones que reivindicar. 

Fort Bomika. Kurt Nahar

Fort Bomika. Kurt Nahar

Caribbean soldier. Dhiradj Ramsamoedj

Caribbean soldier. Dhiradj Ramsamoedj

Y continuando con los vientos de revolución y lucha, nos recibe y despide al mismo tiempo la que es quizá la obra más fotografiada de la exposición. Con Caribbean soldier Dhiradj Ramsamoedj nos enfrenta a una escultura antropomórfica cubierta de trozos de tela. Sólo unas botas de soldado nos hacen caer en la cuenta de que estamos ante una figura militar. Una de sus manos sostiene una especie de grillete. ¿Quién es este soldado? ¿Por qué lleva un grillete? La primera impresión que tuve me llevó al África negra y a los vestidos ceremoniales de los brujos de algunas tribus. ¿Es este soldado un brujo que exorciza el pasado? ¿Es el grillete el recuerdo de un yugo colonizador o el recuerdo de que el pasado es una carga que llevamos con nosotros? ¿Son los trozos de tela multicolor la huella del mestizaje de Surinam? Y entonces caigo en la cuenta del título de la exposición. Pigments o Pigmentos, no los que se obtienen de la naturaleza para colorear, sino los que nuestra historia personal añade en forma de capas y que dan un color diferente a cada uno de nosotros. Y empiezo a divagar sobre colores, lugares y circunstancias.

 

Post originalmente publicado en http://amparela.com/pigments-arte-comprometido/

Gauguin, lo salvaje y lo soñado

Vegetación tropical

Vegetación tropical

En junio de 1887 un aventurero Gauguin llegaba a Martinica desde el puerto de Colón en Panamá. Lo acompañaba otro pintor y amigo, Charles Laval, quien también había estado junto a él durante la breve estancia en el país centroamericano. Parte de la motivación para aventurarse hacia regiones remotas y hostiles -sobre todo por la climatología- era económica, pero también un deseo de búsqueda de lo desconocido que ya había comenzado en sus estancias en Bretaña, donde había descubierto una sociedad menos civilizada que la parisina. Gauguin pensaba que en Martinica encontraría un paraíso terrenal, una cultura genuina apenas transformada por el colonizador europeo y los vicios de una Europa que tachaba de decadente. “Lo que más deseo es huir de París que es un desierto para el hombre pobre. Me voy a vivir a Panamá como un salvaje”.

Todos tenemos una Arcadia, una Shangri-La soñada, un lugar que al menos en nuestra imaginación sirve para evadirnos y aceptar la cotidianidad, la falta de emociones y aventuras diarias, el irremediable paso del tiempo y con él de nuestras vidas. Y el conflicto entre deseo y realidad crece cuando no nos conformamos con soñar sino que emprendemos una interminable búsqueda de ese lugar ansiado, de esa irrealidad.
Gauguin había nacido en 1848, año marcado por revoluciones en Europa con vistas a cortar de raíz los ecos que quedaban de monarquías absolutistas. Debido a la profesión y orientación política de su progenitor, periodista y republicano, con apenas un año de edad parte con sus padres y su hermana hacia Perú, la primera tierra prometida que conocerá. El destino elegido, Perú, es el país de origen de la familia materna. La travesía en barco es larga y trágica, su padre no llega a sobrevivirla y hay que enterrarlo en una parada en el camino. Los primeros años de Gauguin en Perú definirán su concepto de salvaje, de vivir como un salvaje. Esta idea lo acompañará toda su vida, como bien le escribe a su esposa Mette: “He de recordarte que hay dos naturalezas en mí: la india y la sensitiva. La sensitiva ha desaparecido, lo que permite a la india marchar recto y con firmeza”.
Consciente de todo aquello el pintor necesitaba alejarse no sólo física sino también mentalmente de su realidad inmediata. Había dejado a su mujer e hijos en Dinamarca y recién empezaba su largo peregrinaje en busca de un paraíso perdido.
En Martinica alquilará con Laval una choza en las inmediaciones de Saint-Pierre, la entonces capital de la isla. Allí será donde Gauguin experimente por primera vez la sensación de estar en contacto con algo exótico que lo mantiene fascinado durante las primeras semanas. En una carta a Mette, su esposa, Gaguin expresa sus deseos de conocer la vida en las colonias francesas, se encuentra entusiasmado y ese entusiasmo se nota en una docena de obras que pintará en la isla, en la cual viajará bastante y conocerá de cerca la colonia de coulis -inmigrantes indios-. Este contacto con los indios de Martinica explica la incorporación de símbolos del hinduismo en su obra, no sólo en la pintura sino también en la escultura.
En obras como Vegetación Tropical, Borde del Mar o Recolectoras de Mango, el pintor se maravilla ante la exuberancia de la naturaleza martiniqueña y las costumbres de la isla.

Borde del mar

Borde del mar, 1887

La composición y factura -con la innegable influencia de Cézanne y de Pisarro- reflejan el vivo colorido y la luminosidad del Caribe aunque ya se anticipan ciertas características que se repiten en su pintura posterior, la estructuración de los personajes que aparecen como meros espectadores de la escena. Aún postimpresionista y a pesar del colorido naturalista que todavía domina sus cuadros las gradaciones escasean, el uso de un color plano se va haciendo cada vez más evidente en su obra así como también su predilección por el cloisonismo que tendrá su apoteosis un año más tarde.
Pero la etapa antillana de Gauguin apenas durará 4 meses. Lo que en un principio era pintoresco e inspirador se convirtió poco a poco en un calvario. La choza en la que los pintores vivían se mojaba con las lluvias, los mosquitos campaban a sus anchas y Gauguin enfermará de malaria y sufrirá una disentería que lo mantendrá debilitado. Con apenas recursos con los que volver los dos artistas se embarcan hacia Francia. Pero de su época martiniqueña queda el germen de lo que vendrá después en Pont Aven y sobre todo en la Polinesia. “La experiencia que he tenido en la Martinica ha sido decisiva. Solamente allí me he sentido verdaderamente yo mismo, y hay que buscarme en las obras que traje de allí , más que en las que traje de Bretaña, si se quiere saber quién soy”.

Post publicado por primera vez en el blog de arte de Amparela Benlliure http://amparela.com/gauguin-lo-salvaje-y-los-sonado/

Museo Etnológico y Museo de Arte Asiático de Berlín

Su ubicación en Dahlem al sur de Berlín donde también se encuentra el Museo de Culturas Europeas hace que esta zona compita con la mismísima Isla de los Museos, sin embargo estos tres museos pasan desapercibidos para cientos de miles de visitantes que cada año visitan la capital alemana. Tanto el Museo Etnológico como el Museo de Arte Asiático son dos visitas a tener en cuenta para los que están interesados en la Arqueología, el Arte y la Antropología.

Un gran aliciente para visitarlos -además de por las coleccioness- es el que no se encuentren dentro del “circuito turístico convencional” lo cual se traduce en que no se ven multitudes y se puede disfrutar tranquilamente de la visita, evitando las colas de otros lugares de la ciudad e ideal para leer los paneles informativos con calma.

El Museo Etnológico de Berlín forma parte de una gran conjunto expositivo en el cual hay más de 500,000 piezas de diversas procedencias y tipologías. Siendo el más grande de su categoría en Europa, tiene diferentes colecciones de varias áreas geográficas muy bien expuestas y explicadas. En él nos podemos acercar a la América Precolombina, tanto al área mesoamericana como al Caribe y al área andina, pero también incluye una amplia colección de objetos, herramientas y arte de América del Norte.

Otra colección muy interesante es la que vemos en las salas dedicadas a África, con interesantes máscaras, esculturas, instrumentos musicales, etc. que nos explican la importancia de las danzas rituales en el desarrollo de las sociedades tribales africanas, los rituales para lograr buenas cosechas, los que están relacionados con la iniciación en la pubertad o la maternidad.

Figura reliquia mbutu-viti procedente de Gabón o República del Congo. Siglo XIX

Figura reliquia mbutu-viti procedente de Gabón o República del Congo. Siglo XIX

Figura Kru, Liberia. Mediados del siglo XIX

Figura Kru, Liberia. Mediados del siglo XIX

También las manifestaciones artísticas de remotos lugares de Oceanía como Micronesia, Melanesia y Australia o Nueva Zelanda están representadas en el museo desvelando interesantes datos como pueden ser la manera de construir, su música  y otros aspectos de la vida aborigen.

En el caso del Museo de Arte Asiático su colección abarca el continente asiático paseándonos por Afganistán, Uzbekistán y demás países que formaron parte de la Ruta de la Seda, así como también el arte clásico de Gandara, el Budismo en la India, Pakistán o Nepal, el Arte Islámico de los países asiáticos y unas excelentes muestras de arte en China, Indonesia, Korea o Japón.

Devata, s. V d.C. Shorchuk /Qigexing, China

Devata, s. V d.C. Shorchuk, China

Skanda Kartikeya, India

Skanda Kartikeya, India

 Cómo llegar

Para ir desde Mitte, se puede tomar el SBahn 7 en Hackescher Markt y tras hacer trasbordo en la estación de Zoologischer Garten se toma el U9 hasta Dahlem Dorf desde donde hay que caminar 5 minutos. El trayecto aproximado desde Mitte hasta Dahlem Dorf es de 30 minutos.

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Clärchens Ballhaus, donde aún se respira el Berlín de entreguerras

Viajando por Alemania con Mitfahrgelegenheit

Museo de Arte Danubiana, ¿cómo llegar?

Como dije en mi anterior post llegar hasta el Museo de Arte Meulesteen, más conocido como Danubiana, no es tarea fácil. Así todo, animo a todo aquel a quien le guste el Arte Moderno a que lo visite por su magnífica colección de escultura al aire libre, sus exposiciones temporales y el escenográfico emplazamiento en el que se encuentra el museo.

Museo de Arte Danubiana

Museo de Arte Danubiana

El Danubiana fue inaugurado en el año 2000 en una península sobre el río Danubio. Su localización es especial donde las haya y se encuentra además en una zona muy cercana a las fronteras de Eslovaquia con Hungría y con Austria.

La idea de abrir un museo en este lugar fue fruto de la colaboración de un coleccionista holandés, Gerhard H. Meulesteen y el director de la Galería Eslovaca Vincent Polakovič. Con unas 4 exposiciones temporales al año, el museo ha alcanzado cierta fama en la zona y actualmente está en vías de ser ampliado. Sobre todo destacan los artistas eslovacos, holandeses y húngaros.

Interior del Museo. Exposición temporal de Ayako Rokkaku

Interior del Museo. Exposición temporal de Ayako Rokkaku

Jugador de Golf. Svetozár Ilavský

Jugador de Golf. Svetozár Ilavský

Brandage, Katarína Galović

Brandage, Katarína Galović

A pesar de que el Museo con sede Čunovo es uno de los más importantes con respecto al Arte Moderno en Eslovaquia, su acceso es más bien complicado. A unos 20 kilómetros de Bratislava, una de las maneras de llegar hasta él es con una combinación de dos autobuses municipales.

Opción 1. Bus Municipal, línea 91 o 191 desde Novy Most hasta Rusovce. Tarda unos 20-30 minutos aproximadamente. En Rusovce tomar el bus 90 (cuya frecuencia de paso es de uno cada una hora) y con este bus ir hasta el final de la ruta. La última parada está a pocos metros del museo.

Opción 2. Autobús azul que sale desde la estación de autobuses de Mlynské Nivy. Salen a horas muy raras, hay uno a las 15:10, otro a las 16:00 y otro a las 18:30. La vuelta sólo es posible en el de las 16:58. Como verán aunque este autobús vaya directo el horario es bastante limitado.

Es muy importante comprar el ticket de ida y vuelta antes de ir, pues una vez se está en Čunovo no hay manera alguna de encontrar la forma de comprar un ticket de vuelta y los revisores acechan.

Tomás Saraceno y las utopías soñadas y construidas

Ayer por la mañana decidí quitarme la pereza que me había invadido durante el fin de semana y me levanté con la firme resolución de ir a ver la exposición de Tomás Saraceno en la Hamburger Bahnhof. De no haberlo hecho ayer, quizá no la hubiera visto, pues se termina el 15 de enero, y hubiera sido una pérdida imperdonable.

Contenta y muy optimista por el día tan soleado que hacía, cogí la bici y me fui pedaleando hasta el Museo de Arte Contemporáneo más destacado de Berlín, el Hamburger Bahnhof, una antigua estación de trenes que hace años cayó en desuso y fue convertida en Museo de Arte Contemporáneo albergando una magnífica colección que incluye a Joseph Beuys, Bruce Nauman, Lawrence Weiner, Dan Flavin, Robert Rauschenberg, Cy Twombly, Anselm Kiefer, Nam June Paik o Andy Warhol. En el Salón Histórico – un amplio espacio que aún conserva la armadura metálica que nos recuerda que en sus tiempos se dedicaba al servicio ferroviario y no a exponer arte-, está desplegada de manera espectacular la instalación Cloud Cities de Tomás Saraceno.

Cloud Cities, Tomás Saraceno, Hamburger Bahnhof, Berlín

Como en otras obras, esta nueva instalación creada ex profeso para el recinto berlinés va acompañada de la palabra utopía, término con el cual Saraceno está muy familiarizado, afirmando él mismo que: la utopía existe hasta que es creada. Y en Cloud Cities Saraceno toma uno de los ejemplos más destacables de arquitectura utópica del siglo XX, el concepto de ciudad flotante habitable que Buckminster Fuller dio a su cúpula geodésica por allá por los años 50.
Richard B. Fuller, un visionario, ingeniero e inventor, se preocupó -entre otras cosas- por buscar soluciones a una vida alternativa en espacios no convencionales, para lo cual creó el concepto de cúpula geodésica, resultado del montaje de estructuras simples mediante el uso del principio de la tensegridad o integridad tensional que no es más que el empleo de componentes aislados comprimidos que se encuentran dentro de una red tensada continua, de tal modo que los miembros comprimidos (generalmente barras) no se tocan entre sí y están unidos únicamente por medio de componentes traccionados (habitualmente cables) que son los que delimitan espacialmente dicho sistema. El uso de este principio estructural hace que las cúpulas geodésicas sean  muy ligeras y estables.

Detalle de una de las obras.

Partiendo de las ideas de Fuller, Saraceno despliega sus esferas envueltas en cuerdas que las mantienen flotando sobre nosotros como si de inmensas pompas de jabón atrapadas en telarañas se tratase. El efecto de antigravedad es inevitable, las esferas transparentes que quedan suspendidas sobre nosotros te atraen hacia ellas, tentando al espectador para que las toque o incluso entre a flotar en ellas (lo cual es posible, despojándose de cualquier artefacto punzante).

Visitantes dentro de las burbujas de Saraceno

Y este es uno de los aspectos que refuerza mi interés en el trabajo del artista argentino: la pérdida de fronteras entre la obra y el espectador, la interacción del público con ella, la posibilidad que hay durante un determinado espacio de tiempo de formar parte de ella.  Al ver a la gente quitándose los zapatos, anillos, pendientes y demás objetos que pudieran estropear las magníficas pompas gigantes, recordé cómo el arte puede ser lúdico en sí mismo sin necesidad de que el espectador sea un entendido sobre el actual panorama artístico. Hace años recuerdo haberme divertido como una niña dentro de una obra de otro artista sudamericano, el brasileño Ernesto NetoPero además de visitantes, los espacios habitables albergan también plantas o agua, haciendo realidad la utopía soñada de Buckminster Fuller aunque sea sólo por unos meses.