El viaje más largo


Tras 10 meses sin escribir en el blog pensé que quizá debía dar una explicación a aquellos fieles seguidores -que no son muchos, pero no por ello dejan de ser importantes- por esta ausencia tan prolongada que además no fue anunciada. O quizá este post sólo es el medio para hacer catarsis.
El viaje más largo hace referencia a un viaje, no a uno de los que estáis acostumbrados a leer por aquí, este es un viaje con un destino incierto, como lo es la propia vida.
El pasaje me llegó inesperadamente un 31 de marzo de 2014 cuando mi padre me llamó para decirme que mi madre estaba en el hospital porque había sufrido un derrame cerebral y había que operarla. Ha sido el momento más difícil de mi vida, esa ha sido la llamada que más he temido durante los años que he pasado de saltimbanqui de un lado a otro. Y llegó como llegan todas las cosas buenas y malas, sin que las esperes. Esta vez la distancia geográfica no era tanta, pero la incertidumbre del momento, el coger un tren en medio de la noche y pasar toda la madrugada sin tener noticias hizo de este viaje el más largo y triste de toda mi vida. Cuando finalmente llegué a mi destino tuve la inmensa suerte de volver a ver a mi madre antes de que su vida y la mía cambiaran para siempre. Mi madre sobrevivió a la operación y durante la primera noche que pasó en reanimación me quedé en el hospital, pensaba que si estaba cerca, nada malo podría sucederle. Cuestiones o no del azar la sala de reanimación y la de parto estaban muy cerca, y esa primera noche que me quedé sentada esperando a que pasasen las horas veía cómo llegaban los futuros padres nerviosos, asustados pero muy ilusionados, mientras también llegaban los celadores del hospital a trasladar a alguien cuyo tiempo se había acabado. El ciclo de la vida en apenas 5 metros de distancia.
Tras 18 días en el hospital comenzó una nueva aventura para nosotras, el camino a la rehabilitación, a intentar volver a armar el rompecabezas que era mi madre empeñándonos en que todas las piezas encajasen de nuevo y el rompecabezas resultara en el mismo dibujo.
Una vez más volví a cambiar de domicilio, esta vez no fui a vivir a otra ciudad, no había mucho que contar del paisaje, el idioma, las costumbres. O lo había, pero no quería contarlo.
La nueva realidad era un pabellón de hospital dedicado a pacientes afectados por daño cerebral. Y sí, fue muy duro, muy emotivo, pero también muy enriquecedor. Los tres meses que pasé en el hospital llenaron de matices ese inmenso lienzo que es el paso de la vida. De repente cada pequeño momento se convierte en algo trascendental dentro de nuestra cotidianidad que deja pasar tantas cosas desapercibidas. Y aunque suene a frase manida, las pequeñas cosas adquieren una relevancia que no podías imaginar en tu anterior vida. Todos sabemos que nuestro tiempo aquí es tremendamente finito, pero me atrevería a decir que la mayoría de nosotros no actuamos consecuentemente. Postergamos los sueños, vivimos anhelando algo que no llega, y el aquí y ahora no suele ser con lo que más disfrutamos. Somos animales de costumbres, y estamos demasiado acostumbrados a hacer planes, a vivir en una proyección de un futuro que puede llegar o no.
Curiosamente, el lema que hace años escogí para este blog tiene mucho que ver con todo esto: porque la vida es el viaje más largo, porque para mí viajar es algo más que cambiar de geografías, y no hay mejor viaje que el que empezamos cada día sin saber en qué estaciones bajaremos o cuáles serán los pasajeros que nos acompañen.

Esperemos que el viaje sea largo, y si no lo es, que al menos sea intenso para que cuando lleguemos a la última estación nos bajemos satisfechos del recorrido.

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7 pensamientos en “El viaje más largo

  1. me has dejado sin palabras,y tu historia me hace volver a la vida real tal cual lo conozco.he vivido en mi burbuja tanto tiempo y hay que salir. Claudia …eres una fuente de inspiración en base a tus vivencias ..te deseo mucha fuerza !!

  2. He encontrado tu blog por casualidad, buscando fotos de Sibería. He leído con entusiasmo aquel viaje y ahora me encuentro con éste. Lo siento y a la vez me alegro de que la prueba fuera superada. Mi madre también sufrió un derrame pero murió 33 días después. Espero que sigas escribiendo.

    • Hola Amparo,

      Gracias por escribirme, me ha costado contestarle, no sabría explicar bien por qué. Quizás algo de sentimientos encontrados al leer que su madre no lo superó y la mía sí, es triste ver las dos caras de una misma moneda, siento mucho lo de su madre. Un abrazo.

  3. He llegado a tu blog buscando información sobre Martinica, mi próximo viaje y he leído este último post tuyo.

    He de decirte que escribes muy bien y que transmites mucho.

    Deseo que esa etapa de la que hablabas cuando escribiste este post, allá por enero, haya dado o esté dando sus frutos.

    Te deseo mucha suerte!!

    • Gracias Ana, me alegra que hayas llegado hasta aquí y que te haya gustado. Por suerte todo va bien con mi madre, gracias por preguntar. Martinica es una isla muy linda, eso sí, lleva repelente para los mosquitos porque hay muchos. Es un poco cara en comparación con otros destinos pero bueno. Si tienes alguna pregunta no dudes en escribirme. Saludos

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