Primera parada: Bratislava


El día amanece soleado en Bratislava tras el aluvión de ayer. Al llegar a la estación de trenes todo estaba mojado a mi alrededor y grandes charcos se acumulaban en las calles.
Pero hoy es un nuevo día, un precioso y soleado día, no muy frío, perfecto para pasear y descubrir rincones de esta ciudad. Ayer a pesar de llegar poco antes de las 16:00 apenas pude ver la ciudad de día pues como en Berlín aquí anochece bien temprano. Sí que me dio tiempo de subir a Slavín, monumento dedicado a los soldados soviéticos muertos durante la liberación de Bratislava en la Segunda Guerra Mundial. La paz y solemnidad rodean este lugar al atardecer. Las vistas desde aquí son impagables y Bratislava se presenta como una ciudad moderna con un respetable e iluminado skyline.

Monumento a los soldados soviéticos caídos durante la II Guerra Mundial

skyline de Bratislava

Caminando por la ciudad oigo el repique de las campanas que llaman a los fieles. Me sorprende ver a tanta gente acudiendo a misa, sobretodo porque hay muchos jóvenes entre ellos. Había leído que Eslovaquia es un país de una gran religiosidad y fuertes lazos familiares. Al parecer lo de la religiosidad sí que es cierto.

Junto a la Puerta de San Miguel

Preciosa calle en la Starý Mesto

calle del casco antiguo

El casco histórico de Bratislava es más bien pequeño, pero si uno se aventura más allá del centro descubrirá preciosos rincones con casas modernistas, bonitas plazas y un ambiente relajado. Tras la puerta de San Miguel hay una estrecha y tortuosa calle, la Bastova Ulica que lleva al viajero por angostas calles empedradas. La catedral de San Martín domina el paisaje, como también el Castillo de Bratislava.

catedral de San Martin

Uno de los lugares que más me gustaron fue la iglesia azul dedicada a Santa Isabel. Obra del arquitecto húngaro Ödön Lechner me recordó a un merengue teñido de azul. Las calles adyacentes tienen una bonita muestra de Art Nouveau y el barrio es muy agradable para pasear por él. No muy lejos se encuentra Eurovea, un centro comercial y de ocio que destaca por su arquitectura ultramoderna y que es lugar de moda sobre todo en verano por su localización junto al río. Por lo que tengo entendido media ciudad se reúne allí cuando hace buen tiempo para disfrutar de una bebida o comida cerca del agua. A esto habría que añadir que en Bratislava es muy agradable pasear junto al río, en ambas orillas hay preciosas vistas y en la orilla sur un gran parque Sad Janka Kráľa hace las delicias de los habitantes durante la época estival.

Iglesia Azul, 1907-1908. Ödön Lechner

edificio Art Nouveau en la Šafárikovo námestie

Pero sin lugar a dudas la aventura del día será ir desde el centro de Bratislava hasta Čunovo para visitar el Meulesteen Art Center, más conocido como Danubiana. Este museo de arte moderno en el medio de una isla sobre el Danubio no tiene un fácil acceso desde la ciudad y supongo que esto hará que muchos potenciales visitantes no lleguen a visitarlo. Para quien quiera ir pueden leer la info en este post dedicado exclusivamente al centro de arte.

Danubiana

Danubiana sobre el Danubio

En Danubiana te recibe una buena colección de escultura contemporánea en sus jardines y una sobria arquitectura que alberga exposiciones temporales de artistas en su mayoría eslovacos, checos y húngaros. Vale la pena el viaje si queremos estar al tanto del panorama artístico contemporáneo de la región.

La gracia de ir hasta el Danubiana quizá me cueste bien caro pues a la hora de volver no hay donde comprar tickets para el autobús, aquel lugar queda en el medio de ninguna parte y cuando llega el autobús intento comprárselo al conductor. Este me dice que no los vende pero que entre con el billete antiguo que tenía. Ok. Con este autobús viajo hasta otra parada donde tengo que coger el siguiente para llegar a la ciudad. Es casi de noche, estoy a kilómetros de Bratislava y no hay ni kioskos ni nada en ninguna parte donde comprar un billete para el trayecto. Así que me subo en el autobús y un hombre nos advierte (a mí y a otra chica que traduce lo que él dice) que hay revisores. Yo digo: Ok, ahora intentaré explicarle al revisor y quizá él me venda el billete. Nada más lejos de la realidad, no hubo manera de que el revisor entendiese mi situación y me dijo que tenía que pagar 40 euros. Sí claro, eso es lo que he pagado por viajar de Berlín a Bratislava, voy a dártelos así tan tranquila. Pues no, me niego a pagar rotundamente. Me pide mi pasaporte. Se lo doy. Entonces sigue insistiendo, yo muy calmada le digo que no tiene sentido que si no hay donde comprar billetes que el conductor no te los venda (es algo que va contra toda lógica) pero él insiste en que tengo que pagar los 40 euros. Me niego de nuevo y le digo que haga lo que quiera pero que no pagaré. El hombre no se lo puede creer, me ve demasiado tranquila y se da cuenta de que no voy a pagar, así que para probar fuerza dice que llamará a la policía. Y yo tan fresca: pues llámela señor, yo tengo todo el tiempo del mundo. Y así es como cuando llegamos a la última parada nos quedamos esperando a que venga la policía. El policía no hablaba inglés así que toda la historia la conoce por parte del revisor. Yo intento explicarles que para mí pagar 1 euro y pico por el autobús no significa nada y que mi intención no es viajar gratis, que he intentado comprar el billete pero no hay dónde, y el policía al ver que no pagaría toma mis datos y me dice que me vaya. Ahora veremos qué sucede, supongo que mandarán una carta a la policía española para reclamar la multa, la cual seguiré negándome a pagar pues no he visto algo tan ilógico en mi vida y creo que hacen esto para pillar a los turistas que como no saben que no hay dónde comprar tickets cogen un autobús, se van a algún lugar y luego no tienen billete de vuelta. Me ha dicho mi amigo Martin que varios amigos que han ido a Bratislava se han quejado de lo mismo. Tengo que decir que el revisor fue en todo momento muy amable, nunca se mostró grosero, cosa que se agradece la verdad.

Y ahora seguro que se preguntarán que quién es Martin. Pues Martin es un amigo eslovaco con el cual tenía contacto desde hace varios años gracias a una comunidad internacional de viajeros llamada Travbuddy. Nosotros somos de la llamada “antigua generación” es decir, de los primeros que formaron parte de ese portal en el cual la ambición común es viajar y la gente se pone en contacto con otros para compartir experiencias de viajes, alojamientos, etc. Martin era todo un misterio para mí, habla muchos idiomas, y siempre contestaba en un perfecto castellano. Yo sabía que había vivido en Colombia pero no podía imaginarme que tuviese un perfecto acento castellano, tan latinoamericano a mis oídos. Así que nos encontramos al atardecer en la Plaza Principal (Hlavné námestie) y enseguida tras estar 2 minutos hablando me parecía conocerlo de toda la vida pues Martin, tan cosmopolita y viajero, tiene una capacidad para hacerte sentir cómodo y es tan cercano que te olvidas de que nunca antes lo habías visto en persona.

Nos vamos caminando por la Starý Mesto (la parte antigua de la ciudad), subimos al Castillo que está iluminado con colores rosas y desde allí disfrutamos de una linda vista de la ciudad. Martin me muestra el Parlamento eslovaco, un edificio más bien feo, parece haber sido construido durante la época de influencia soviética pero no…es de los años ’90. De ahí bajamos a buscar un lugar donde cenar, Martin propone, yo le digo que también disponga él ya que como ambos somos vegetarianos y él conoce bien cada rincón de la ciudad, seguro que acertará. Así que vamos a una típica taberna-restaurante en la cual hay un ambiente muy joven y compartimos una opípara cena a la eslovaca, que estaba, tengo que decir, deliciosa al igual que la cerveza negra con la cual la acompañamos. La conversación no es menos sustanciosa, hablamos de todo, de cómo se vive en Bratislava, del ambiente internacional que va en aumento en la ciudad, con gente llegada de todas partes, y por supuesto, de la crisis económica europea. Martin sabe mucho de esto pues estudió Económicas y es una persona muy preparada. Se va haciendo tarde y es una pena que no podamos seguir la charla. Pero estoy feliz, satisfecha, éste es el mejor cierre para un viaje que acaba de empezar, y al despedirme de Martin me promete que me visitará allá donde vaya. Esperemos que así sea.

Gracias Martin por tu hospitalidad, ha sido un placer visitar Bratislava!

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3 pensamientos en “Primera parada: Bratislava

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