Pasajes subterráneos


Una de las mejores y más originales visitas que se puede hacer en Berlín es la de los pasajes subterráneos que hay por la ciudad. Estaciones de metro, búnkeres, refugios antiaéreos, todos ellos conforman una extensa red subterránea que puede visitarse a través de Berliner Unterwelten, una asociación sin ánimo de lucro que gestiona este interesante “inframundo”.

Con seis diferentes recorridos, cada uno con una temática diferente, el visitante puede tener una noción de cómo ha se ha ido construyendo y deconstruyendo debajo de la superficie de la ciudad, sirviendo siempre a diversos intereses. Con el tour 1 llamado Mundo en Tinieblas -que fue el que yo hice- los curiosos, fanáticos de la Historia del Tercer Reich, turistas, pero también personas que como yo vivimos en Berlín, podemos enterarnos de una fascinante historia pocas veces narrada en las películas que tratan sobre el Tercer Reich o la Segunda Guerra Mundial, la cual tiene que ver con los lugares de protección para los ciudadanos durante la cruenta guerra.

Búnker del recorrido Mundo en Tinieblas. Foto cortesía de Berliner Unterwelten

Ya en 1933 cuando Hitler llega al poder tenía claro que sus planes de expansión en busca de espacio vital para la raza aria desencadenarían un conflicto bélico. Esta vez no sería una guerra de trincheras como fue la Primera Guerra Mundial, sino una guerra con una nueva estrategia para destruir ciudades, asesinar a civiles y dañar la producción que alimentara la batalla: la estrategia de los bombardeos. Y ya en estos primeros años comienzan los preparativos para lo que se avecina. Se informa a la población de cómo evitar los bombardeos con propaganda en diversas revistas, con carteles en escuelas y centros de trabajo. Pero además se comienza la construcción de diversos búnkeres (que no refugios antiaéreos) que servirían si bien no de protección (pues no cumplían con las características necesarias para resistir los bombardeos, dato que la población no sabía) sí daban la sensación de seguridad a los ciudadanos autorizados a permanecer en el búnker durante los mismos. Y digo lo de ciudadanos autorizados porque no todas las personas podían entran en él, ni judíos, ni homosexuales, ni personas que tuvieran cargos por “desafecto al Tercer Reich” ni hombres en edad militar -pues se supone que tenían que estar en el frente luchando- para el final de la guerra serían prácticamente todos aquellos cuyas edades estuvieran entre 16 y 60 años podían recibir cobijo bajo tierra.

¿Y por qué estos búnkeres no protegían de los bombardeos? Quien haya visto algunas películas en la que aparezcan bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial quizá tenga en mente imágenes de ingleses acudiendo al metro de Londres para protegerse contra los bombardeos. Sí, en Londres las galerías subterráneas del metro al encontrarse muy profundas resistían los ataques aéreos. En Berlín, no. Berlín es una ciudad construida sobre una zona pantanosa, con gran humedad. Su terreno es bien húmedo y por ello las estaciones de metro se encuentran a no mucha distancia de la superficie. Esta característica y el tipo de construcción utilizada para cubrir las estaciones hacía de ellas lugares vulnerables a bombardeos. Pero como ya dije antes, la población berlinesa no lo sabía. Otro importante factor durante los bombardeos -que en Berlín empiezan a recrudecerse a partir de 1943 cuando los aliados se encuentran más cerca y pueden permitirse más horas de vuelo- es que las bombas van siendo perfeccionadas tanto de un bando como de otro y cada vez tienen más alcance en cuanto a la capacidad de destrucción y de perforación. Ello hizo que estos búnkeres construidos a lo largo y ancho de Alemania fuesen más bien obsoletos.

Literas en el búnker de Gesundbrunnen. Foto tomada de Berliner Unterwelten

El recorrido por el subterráneo es muy interesante, los guías de la asociación Berliner Unterwelten muestran un gran despliegue de conocimiento, no sólo sobre el búnker en particular sino sobre Historia en general. En una hora y media se atraviesan baños, enfermería, sala de mando, y mientras tanto nos van explicando datos muy interesantes, como cómo podían saber cuánto oxígeno quedaba en cada habitación pues aunque en las paredes aparecen pintadas las capacidades máximas de personas en cada habitación, no encontramos ninguna cifra que nos refiera por cuánto tiempo. Para ello se utilizaban velas. Ponían velas a diferentes alturas, a medida que se iban apagando por la falta de oxígeno podían saber cuánto tiempo les quedaba aún y decidir si morir asfixiados o arriesgarse a salir a la superficie donde quizá y a pesar de las bombas tendrían más suerte. A través del diario de una mujer que se encontraba en el búnker podemos saber cuán aislados se encontraban allí abajo que no se enteraron de la rendición de la Alemania nazi hasta dos días después de haber tenido lugar.

Tras la guerra, Berlín, como tantas otras ciudades alemanas quedó en un estado ruinoso. ¿Qué hacer con esos escombros? Pues allí entraron en acción las Trümmerfrauen o mujeres de los escombros, mujeres de entre 15 y 50 años que se encargaron de las actividades de desescombro de la ciudad y que la población masculina había mermado considerablemente. Estos escombros forman parte de colinas artificiales que hay por todo Berlín y alrededores. En algunos parques vemos elevaciones que parecen naturales, pero no lo son, son el resultado de los escombros allí almacenados sobre los cuales han crecido hierba, maleza o árboles.

Búnker en la Reinhardtstrasse, Berlín

¿Y con los búnkeres, qué ocurrió? Tras una guerra que había dejado millones de muertos, ciudades completamente arrasadas y un coste económico inconmensurable, los aliados decidieron borrar toda huella nazi y realizaron un proceso de desnazificación. Símbolos, edificios, estandartes, búnkeres y refugios fueron destruidos. Aún así quedan algunos que son perfectamente reconocibles desde su exterior, como el búnker de la Reinhardtstrasse que alberga una vivienda con una costosísima colección privada de arte contemporáneo que puede ser visitada previa cita y pago de 10 euros.

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4 pensamientos en “Pasajes subterráneos

  1. ¡Cuánto aprendo con esta incansable y curiosa viajera! . . . . me alegro que nos hayas descrito estos sórdidos lugares del Berlín de las florecitas en los pomitos de cristal que dan la bienvenida a los que van a tomarse un café por la mañana acompañado de pretzels o a comer y beber a cualquier hora del día o de la noche, y que, en cierta forma, me atrae. . . . porque no creo que me aventurara nunca a bajar a conocer esa historia subterránea del otro Berlín de triste recordación. Gracias de nuevo por compartir con nosotros otra de tus innumerables experiencias . Un beso, tu fan número uno.

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