Un poco más sobre Mongolia


El nuevo día trae una jornada cargada de emociones. Sabemos que estamos cerca del desierto del Gobi, de hecho, ya estamos en Ömnögov (Sur del Gobi), la región o aimag más grande de toda Mongolia en la cual encontrarse con una persona es casi imposible pues la densidad de población de esta inmensa área es de 0,3 personas por kilómetro cuadrado. Nos despertamos bien temprano, con el sol aún bajo, lo cual nos permite ver de nuevo la estepa en todo su esplendor.

al alba

espectacular cielo mongol

Sabemos que nos queda un largo día por delante, así que después del desayuno que prepara Gotov, nos ponemos en marcha nuevamente con ilusión, expectantes, esperando ver el desierto en cualquier momento. Pasamos por un pueblo para comprar provisiones e increíblemente aquí tengo cobertura. Después de varios días sin saber del mundo “al que pertenezco” aprovecho estos minutos para llamar a mi casa y despertar a mis padres que aún duermen en mitad de la noche.

pueblo mongol

Este pueblo es como todos los demás que hemos visto hasta ahora. Calles sin asfaltar, una especie de bazar cubierto donde comprar comida, ropa, jabón, etc., la escuela que repite el modelo de ger pero en este caso hecha de mampostería, y poco más. No veo ningún centro médico, supongo que no hay ninguno pues tras la caída de la Unión Soviética el colapso económico del país que vivía sustentado por el poderoso vecino rojo hizo que una gran parte sino la mayoría de los profesionales de la salud tuvieran que emigrar, tanto al exterior del país como a las zonas del interior, volver al nomadismo para poder subsistir.

Tras la parada técnica nos internamos en una zona desértica, de un color grisáceo, como volcánico. Hace un sol de justicia y el calor es insoportable. Tras 3 horas de viaje, hacemos otra parada, esta vez para comer. En medio de la nada, donde no se ve apenas vegetación, extendemos una lona y empezamos a preparar todo para nuestro banquete consistente como siempre en una pasta hecha como de harina de papa o algo parecido. Aunque la gastronomía mongola es absolutamente prescindible, lo que nos cocina Gotov hasta nos llega a gustar porque pone mucha verdura. Siempre y cuando no haya cordero, no tengo problemas para comer.

exclusiva comida con todo el paisaje para nosotros

paisaje grisáceo

Al subir de nuevo a nuestra querida camioneta, Gotov nos dice que aún hay que parar en Dalanzadgad, la capital de la región, antes de llegar al Parque Nacional de Gurvan Saikhan. Siendo la capital de la región, e incluso disponiendo de aeropuerto, no sabemos a qué atenernos, si será una ciudad o si una vez más no será más que un pueblo de tres casas. Pero no, Dalanzadgad se levanta ante nosotros como una verdadera ciudad, a lo lejos vemos chimeneas de fábricas y creemos que será una gran urbe. Bajamos emocionados ante la expectativa de pasar una hora deambulando por aquí, pero no es gran cosa. Si bien es más grande que el resto de pueblecitos que hemos visitado, no tiene muchos atractivos. Hay un supermercado tipo “occidental” que está muy surtido considerando que esto está en medio de la nada. Hay Fanta de mil sabores, bebida energética tipo Red Bull, pero en este caso, nacional, la Genghis Khaan, y esta vez los chocolates rusos no monopolizan el mercado y dejan espacio a los sabrosos Ritter Sport alemanes.

En Dalanzadgad

Ritter Sport: quadratisch, praktisch, gut

Después de comprar bebidas para refrescarnos buscamos un lugar donde enjuagarnos un poco ya que seguimos sin bañarnos, y aunque el clima seco de esta parte del mundo hace que uno no apeste y prácticamente no sude, la sensación de que estamos sucios es inevitable. Encontramos un restaurante en cuyo baño me acicalo un poco -se hace lo que se puede en estas condiciones- y de aquí nos vamos al mercado, bastante surtido de fruta y verdura que nos cuenta Gotov que viene desde China. Prácticamente todo lo que se come en Mongolia es importado, excepto el cordero y la leche de cabra y camella, el resto de productos, incluso las papas y las hortalizas vienen del exterior. China es un importante socio comercial, también Corea del Sur o Japón, que envían los autobuses que por ser altamente contaminantes no pueden circular en sus respectivos países, y se los venden o donan a Mongolia.

Nos despedimos de Dalanzadgad sin pena ni gloria, pronto llegamos a un especie de carretera que conduce a un museo, el Museo de la Naturaleza o algo así, que apenas tiene unas cuantas salas, donde podemos ver animales de la región penosamente disecados. Este museo está a la entrada del Parque Nacional de Gurvan Saikhan, un inmenso parque de aproximadamente 27 mil kilómetros cuadrados, en el cual se encuentra la garganta de Yolyn Am (Boca del Buitre), las dunas de Khongoryn Els (Arenas cantarinas), y las montañas de Gurvan Saikhan que dan nombre al parque. Es un área protegida, muy famosa por la gran cantidad de aves que viven en ella, así que preparo los prismáticos por si se presenta la oportunidad de ver algún buitre.

Tras pagar para entrar al parque, nos dejan un par de horas a nuestro antojo, Gotov nos indica cómo llegar hasta la garganta de Yolyn Am -famosa porque la mayor parte del año está congelada- y nos ponemos en marcha, cada uno a su ritmo. El lugar es precioso, hay un riachuelo que vamos siguiendo, al principio el terreno es prácticamente llano, rodeado de pequeñas elevaciones, hasta que siguiendo el curso del agua nos adentramos en un desfiladero.

caballitos mongoles

entrando en el desfiladero

Lo que nos espera es espectacular, las rocas cada vez son más altas y afiladas, con tonalidades grisáceas que contrastan con el azul del cielo. A cada rato nos encontramos con caballos que esperan a ser montados por algún turista que quiera recorrer la zona como los autóctonos. Al alejarnos de la entrada comenzamos a ver aves que sobrevuelan las crestas. Me encanta tener los prismáticos, se pueden ver tantas cosas que sin ellos no podría sino saber que están allí, pero sin saber qué son.

desfiladero, Yolyn Am

El ruido del arroyo transmite paz, tranquilidad, es el perfecto lugar para ir despidiéndose del día.

Volvemos cuando está a punto de caer el sol para buscar un lugar en los alrededores donde acampar y pasar la noche. Encontramos un idílico rincón entre montañas junto a un arroyo donde acampamos, Susana, Gianluigi, Iván y yo dormiremos en una tienda de campaña, Bayra y Gotov en la camioneta.

atardecer

cabra

Al caer el sol las montañas se tiñen de un color especial y las cabras que estaban pastando vuelven a casa haciendo un peculiar ruido al caminar sobre la roca. Mongolia es mágica, cada momento que vivo aquí queda grabado intensamente en mi memoria.

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7 pensamientos en “Un poco más sobre Mongolia

    • Sí, un gran país, con paisajes y momentos inolvidables.

      Gracias José Luis, en cuanto termine con Mongolia y China seguiré contando la aventura de la Ruta de la Seda por Uzbekistán y Kirguistán, espero que lo disfrutes también.

  1. ¡Cuánto envidio, sin envidia sana, porque no existe, no tener ni tu edad ni tu valentía, para recorrer el mundo contigo! Pero gracias por darme a conocer lo que no pude, ni puedo, ni podré ver con mis propios ojos! Un beso bien grande, tu fan número uno.

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