Adiós Rusia, Bienvenida Mongolia


De nuevo toca madrugar pues hoy dejamos Rusia, tenemos que estar en la estación para coger el tren hacia Ulan Bator a las 5:18 de la mañana. Es un tren chino, que hace el trayecto Moscú-Pekín en 5 días. Al subir, notamos que el personal aquí ya no es ruso sino chino, otras caras, otro servicio. Nos dirigimos a nuestro compartimento, y aquí empieza una de las situaciones más graciosas de nuestra aventura transiberiana. Nos acompaña uno de los asistentes chinos del vagón del tren, e intentamos abrir la puerta del compartimento. Comenzamos a tocar, no se oye nada, ni voces ni movimientos. El asistente sigue insistiendo, nosotros también, cada vez tocamos más seguido y más alto. De repente el asistente nos dice que digamos algo para ver si despertamos a los que se encuentran dentro del compartimento y que han cerrado la puerta con pestillo desde dentro. Empiezo a decir entonces: por favor, podéis abrir la puerta? No sé cuántas veces lo repetí pero de repente, apareció un hombre gordo, de unos 50 años, aliento etílico y cara de sueño. Al entrar al compartimento un fuerte olor a alcohol y conservas nos invadió. Los dos rusos dormían en las camas de abajo, Iván y yo teníamos las de arriba. Cansados por el madrugón decidimos acostarnos, en el compartimento de al lado están los viajeros portugueses que conocimos en el consulado de Mongolia.

Las horas pasan, dormimos bien y a la mañana siguiente vuelta a la cafetería-restaurante del tren, esta es la mejor de todas en las que hemos estado. El tren este se ve más cuidado que los trenes rusos de nuestras aventuras anteriores, lo cual siempre se agradece. Desayunamos y conversamos, menú en inglés, la camarera, una señora rusa muy simpática, sonríe mucho a todos los que estamos en el vagón restaurante. Más tarde pedimos de comer, de nuevo carne y patatas fritas.

de nuevo en la cafetería del tren

de nuevo en la cafetería del tren

Llegando a Mongolia, territorio buryat

Intentamos pasar mucho rato allí para no estar todo el día en el compartimento, además nuestros amigos rusos se han quedado bebiendo y la verdad no son una compañía muy interesante que digamos (o eso pensábamos). Al volver del restaurante el tren se detiene para el control de pasaportes en la frontera entre Rusia y Mongolia. Entregamos nuestra documentación y abandonamos el tren para esperar. De repente en este puesto fronterizo en un pueblo en medio de la nada para cualquier occidental, se ven caras de todos tipos: rusos que van a Mongolia o a China probablemente por negocios, chinos que vuelven a su patria después de alguna visita turística a Rusia, algunos mochileros de muchas partes del mundo, gente de todas las edades, somos muchos los que esperamos cruzar la tan ansiada frontera -al menos así lo veía yo-.

frontera entre Rusia y Mongolia

Estaremos cuatro horas esperando, mientras vamos a comprar provisiones a una tienda de ultramarinos, nos sentamos en un parque junto a unas vacas, conversamos con otros viajeros, las horas pasan lentamente y Mongolia espera justo a pocos kilómetros. Al volver al tren para ponernos rumbo a mi paraíso soñado, tenemos que rellenar unos formularios que están en ruso. Yo rellené el mío y el de Iván con la ayuda de los rusos que estaban en el compartimento de los portugueses pues Igor y Vadim, “nuestros rusos” estaban demasiado borrachos como para ayudar. Llega el policía entonces, recoge y cuña nuestros formularios y les pide a Igor y Vadim los suyos. Este es un gran momento. Estaban tan borrachos que eran incapaces de rellenar nada. Se los daban al policía y este los devolvía diciendo que faltaba algo. Cada vez que lo volvían a entregar este les decía que no habían puesto su nombre, o el número de pasaporte, en fin, fueron unos minutos de película, Iván y yo no podíamos contener la risa, el policía nos miraba como preguntándose qué hacíamos allí con aquellos borrachines. Tras este momento inesperado, nos pusimos a conversar con ellos. Su inglés es macarrónico pero Igor tiene muchas ganas de hablar con nosotros y contarnos su vida, de repente nos cuenta que viven en Krasnoryarsk y van a Mongolia a trabajar, que son ingenieros de metalúrgicos, que su familia -la de Igor- es originaria de Armenia, nos pregunta si sabemos donde queda el Monte Ararat, saca su teléfono y nos enseña una foto de su hija, es todo un personaje. Como ve que tanto Iván como yo vamos con libros saca su faceta más intelectual y de repente empieza a hablar de la gloriosa literatura rusa, de Gogol, de Bulgakov, nos enseña: El maestro y Margarita, ni Iván ni yo lo hemos leído, pero recuerdo que en mi casa en La Habana estaba junto a otros tantos clásicos de la literatura rusa. No paramos de reírnos de las cosas de ambos, de lo borrachos que están y lo bien que se lo pasan, la necesidad tan grande que tienen de comunicarse con nosotros, lo curiosos que son.

Iván con Vadim e Igor

Igor me cuenta que en su casa tiene una enciclopedia de grandes pintores, me habla de Picasso y Dalí, dice que los admira mucho y que quiere ir algún día al Museo del Prado. Es curioso que hayamos entendido todo esto pues él casi no hablaba inglés, pero lo entendíamos. Al llegar al puesto fronterizo de Mongolia vuelve a haber una situación risible. Se suben militares con uniformes que imponen un poco, no nos dejan asomarnos a la ventana, de nuevo hay que rellenar formularios. En un momento en que pasa un militar, Igor, con su estado delirante dice: ¡Rambo! y hace un gesto como si estuviera disparando con una metralleta. Iván y yo nos reímos y pensamos que nos sacarán del tren por semejante burla. Pero no pasa nada, nos dan nuevamente unos formularios, están en mongol y en inglés. Relleno el mío y el de Vadim pues ni se entera de lo que tiene que poner. No tengo problemas con el pasaporte cubano, vienen a hacerme preguntas, explico que viajo con dos pasaportes y que por eso no ven ningún sello de Rusia en el pasaporte cubano, y me cuñan el sello de entrada, puedo estar hasta 30 días aquí sin visado.

Soyombo, símbolo nacional mongol

Hemos pasado el control, el tren se pone en marcha, cerramos una etapa, Rusia, el país más grande del mundo, atravesado en tren en dos semanas. No sentimos tristeza, estamos ansiosos por la próxima etapa del viaje: al fin estamos en Mongolia!

Anuncios

6 pensamientos en “Adiós Rusia, Bienvenida Mongolia

    • hola,
      gracias por tu comentario, pues bienvenida al blog, espero que lo disfrutes, si necesitas información sobre el transiberiano no dudes en escribirme, en el blog no doy información muy detallada porque se haría interminable, pero si quieres saber algo específico y puedo ayudarte, pues ya sabes.
      Un saludo,

  1. Pingback: Articulo Indexado en la Blogosfera de Sysmaya

  2. Pingback: Día en el Baikal | desde otro planeta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s