De nuevo en Irkutsk, a la espera del visado


Volvemos temprano a Irkutsk para ir al consulado mongol y pedir los visados. Esperando en el consulado conocemos a una pareja de portugueses que están haciendo una ruta parecida a la nuestra pero en un período de tiempo más corto. Ellos también necesitan las visas para entrar en Mongolia y ya han comprado el billete de tren que hace el recorrido Irkutsk-Ulan Bator en la madrugada del sábado. Buenas noticias para mí, no necesito visado para Mongolia pues con mi pasaporte cubano puedo estar hasta 30 días en el país sin visado. Creo que es de las pocas veces en mi vida que el pasaporte cubano me ha servido para algo más que para ser un simple documento que me ocasiona problemas. Esta vez me ahorro 80 euros y los trámites. Iván tendrá que pagar por esa visa exprés que estará mañana así que nos tendremos que quedar otro día más en la ciudad.
Nos vamos al hostel -de nuevo el Downtown-, llueve y la temperatura ha bajado considerablemente, durante el día estaremos a 13 grados.

Lluvia en Irkutsk

Por las calles de Irkutsk

De ahí salimos a intentar encontrar la agencia que nos han recomendado los portugueses para comprar los billetes de tren a Mongolia. La agencia se encuentra en un hotel de factura comunista, en el cual los pasillos están vacíos, incontables oficinas vacías, parece un lugar un poco dejado de la mano. Al entrar en el edificio es como viajar al pasado, a la época de la máquina de escribir, las facturas con libretas, los antiguos archivadores, todo aquí tiene un tufo soviético. Necesitamos salir de Rusia antes del 14 de agosto pues nuestra visa se vence y sabemos que en la frontera se tarda mucho con los papeleos. El billete nos cuesta 100 euros en un tren exprés chino que hace el trayecto Moscú-Pekín con parada en Mongolia y cuyo recorrido original tarda 5 días. Nos toca esperar bastante, la buena fe de la mujer que nos atiende, -rusa que habla un español asombrosamente perfecto, aprendido en la Universidad de Irkutsk-, atenua un poco la espera de más de media hora. No entendemos por qué tarda tanto, de repente se va e intuimos que ha ido ella misma a comprar los pasajes a la estación pues no sabemos dónde se ha metido. Al final conseguimos tener reservadas dos plazas en el mismo compartimento para la madrugada del sábado a las 5:18.

Como hay que estar en Irkutsk buscamos cosas interesantes que hacer a pesar del tiempo. Empezamos por intentar encontrar el Museo-Casa Decembrista, muy mal indicado -algo muy común en Rusia donde encontrar un hostel, un museo o casi cualquier lugar es todo un reto por la falta de letreros, indicaciones, rótulos, y la barrera idiomática, muchas veces infranqueable-. Tras dar vueltas alrededor de las mismas calles, finalmente preguntando encontramos el museo.

Casa decembrista

Los decembristas fueron un grupo de oficiales del ejército ruso que se sublevaron en contra de los zares. La revuelta tuvo lugar en diciembre, de allí el nombre de decembristas. Muchos de estos oficiales, pertenecientes a la nobleza de San Petersburgo, fueron obligados al exilio en Siberia, un duro exilio que los privaba de estar en la corte y de las comodidades de la gran ciudad. Las mujeres de estos oficiales exiliados fueron quizás las grandes protagonistas de la historia al viajar durante meses desde San Petersburgo a Siberia, renunciando a sus comodidades, para estar con sus maridos. Allí en Irkutsk estas mujeres intentaron recrear la vida de la corte, con tertulias literarias, sesiones de conciertos en sus casas, reuniones intelectuales y cualquier otro entretenimiento que pudiera evadirlos de su ostracismo. 

Visitamos una de las casas pues las otras se encuentran cerradas por reparación. El personal que trabaja en este museo se muestra muy orgulloso de poder enseñar ese reducto de cultura que había en aquella ciudad siberiana e indómita y acompañan a un grupo de turistas japoneses mostrándoles el piano, el salón de té, pinturas y demás cosas que solemos ver en las casas aristocráticas decimonónicas.

Iglesia en Irkutsk

Al salir de allí decidimos hacer un recorrido por las iglesias de Irkutsk, hay unas cuantas y son bien bonitas. Como en cualquier otra ciudad de Rusia, aquí también vemos una boda, una boda “pasada por agua”, los novios se hacen fotos bajo la lluvia, quién sabe si aquí será un buen augurio que llueva el día que te casas.  Iván y yo estamos un poco distantes el uno del otro  pues hemos tenido alguna que otra discusión al volver de Listvyanka, se hace raro estar a malas con tu compañero de viaje cuando se pasan tantas horas juntos durante un viaje tan peculiar.

En nuestras idas y venidas pasamos por un lugar que a juzgar por el olor debe ser una panadería, y de repente se agolpan recuerdos en mi mente, recuerdos venidos a través del olor y que me llevan directo a Cuba, muchos años atrás, esta mezcla de olor a pan recién horneado y asfalto me recuerda la panadería de la Puntilla, justo yendo a la playa, allá en La Habana por los años ’80. Aquello ahora me parece otra vida.

Estamos hambrientos y buscamos un sitio donde comer. Vemos un restaurante “italiano” que desde fuera parece muy auténtico. Tengo ganas de ¡PIZZA! Pero cuando esta llega, menuda decepción. La pizza no es pizza, es una base de hojaldre con tomate un poco de queso y ¿eneldo? ¿Pero quién ha visto una pizza margarita con eneldo? Me indigno, no puedo engañar a mi paladar diciéndole que esto es una pizza y quiero decirle a la camarera que por qué no avisan que no es pizza sino simplemente hojaldre. Pero Iván, enemigo de cualquier discusión o polémica con el personal me calma y me dice que no diga nada.

Hojaldre con eneldo por pizza

Al final si bien no era pizza no estaba mala, y disfrutamos del vino y la conversación, nos contamos cosas, Iván me habla de Oviedo, de la escuela, de sus padres, su hermano, sus amigos, los libros que lo han inspirado a viajar y a conocer medio mundo.
Tras esta comida-cena pues es muy tarde nos vamos al hostel a escribir emails, leer y simplemente estar en un lugar caliente.

Río Angara a su paso por Irkutsk

Mañana será nuestro último día en Rusia,. Nos levantamos y vemos que aún llueve más que ayer, Iván recoge su visado, salimos a comer y poco más. Por la tarde ya no llueve y nos vamos a dar un paseo, casi no hay gente en la calle, de repente me invade una sensación de tristeza, de lejanía, me siento extraña en esta ciudad, para mí la etapa rusa ya ha acabado.

Con alegría esperamos la próxima etapa. ¡Mongolia nos espera!

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3 pensamientos en “De nuevo en Irkutsk, a la espera del visado

  1. Soy de Angarsk y tambien estudie en la Universidad linguistica de Irkutsk. Es muy interesante leer su relato y saber sus impresiones.Saludos desde Barcelona

    • Hola Natali,

      Gracias por su comentario y por leerme. Por supuesto que mis impresiones de Irkutsk y en general de Rusia, son muy limitadas pues no he vivido allí. Pero estas son aventuras que voy narrando y por supuesto son muy subjetivas, vistas desde un prisma muy particular (el mío).
      En cualquier caso, el español de la mujer de Irkutsk era perfecto, yo pensé que había vivido en algún país de Latinoamérica pero no, nunca, así que el mérito es aún mayor.

      Seguramente vuelva a Irkutsk algún día pues recorrer Rusia en tren es una de las mejores aventuras en las que uno pueda embarcarse. Espero poder quedarme más tiempo la próxima vez.

      Saludos,

      Claudia

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