Kazán-Omsk (continuación)


Otra jornada de tren, esta vez unas 30 horas de viaje. Iván y yo volvemos  a tener compartimentos separados. Tras pensar en lo mucho que aún nos queda por delante nos vamos a la cafetería, cuya entrada más adelante ya he contado. Estuvimos unas 8 horas allí, tés, cervezas, patatas fritas, sopas, muchas conversaciones. Al salir de la cafetería del tren estoy mareada, me duele la barriga, tengo náuseas y paso una noche horrible, casi no duermo del malestar que tengo. A la mañana me tomo un primperan, me siento débil, el tren…sigue su traqueteo y parece que nunca va a llegar. Finalmente con retraso a las 14:35 llegamos a Omsk donde estaremos hasta las 22:46 hora de Moscú, es decir, hasta la 1:46 am. hora local. parada en medio de quién sabe donde

interior estación de Omsk

Reservamos una habitación en la komnaty otdykha, las habitaciones de descanso que hay en la misma estación de tren. La estación de Omsk es increíblemente grande y está muy cuidada, con una decoración mucho más elaborada que la del resto de estaciones que hemos visto por el camino. Por unos 1400 rublos nos dan una inmensa habitación con dos camas y baño. Hace un calor insoportable y no hay aire acondicionado. Nos duchamos y dormimos un poco y luego bajamos a comer.

La ciudad de Omsk empieza más o menos a 4 kilómetros de la estación. Tenemos que coger un trolleybus para acercarnos al centro. Tras una situación rocambolesca en la parada con un borracho que se encaprichó en hablar conmigo, subimos al trolleybus y nos vamos a Ploschad Lenina, que es más o menos donde comienza todo.

Me duele la cabeza y aún no las tengo todas con el estómago. Comemos en una pizzería y nos volvemos a la habitación, estamos cansados y mi cabeza parece que va a reventar.

Finalmente salimos de Omsk, ya estamos entrando en Siberia. El paisaje es bien bonito, el sonido del tren alarga los días y me hace pensar en tantas cosas…El Transiberiano no son las ciudades que recorres, ni las fotos que haces, es el tren mismo, es el mantenerse cuerdo entre tanta taiga, traqueteo y barrera idiomática. Es lo que hace este recorrido algo tan fascinante. Empieza la penúltima ruta.

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