la triste historia de un pueblo


 

 

 

 

 

El Museo Judío de Berlín ha sido una visita pendiente desde que vine aquí a vivir, pues cada vez que pensaba ir me persuadía a mí misma pues creía que sería una visita muy emotiva, muy triste, y que tendría que estar en un muy buen momento personal, anímico para ir. Es paradójico entonces que haya ido uno de los días más fríos y grises que recuerdo desde que estoy aquí, un día que nevaba y te decía: no salgas de casa!

Pero la verdad es que últimamente estaba haciendo muy pocas cosas culturales y quiero volver a cogerle el pulso a las infinitas oportunidades que brinda la ciudad.

En realidad hace dos semanas no pensaba ir pues tengo pendiente también el Museo de Ciencias Naturales y estaba muy interesada en verlo, pero acordé con un amigo -que al final no fue- ir al Museo Judío y como a veces -la mayoría- soy una persona de ideas fijas, ya no quería echarme atrás ¡e hice bien!

Lo primero que me impactó fue la arquitectura, había visto el edificio por fuera varias veces, y es toda una maravilla la verdad, pero por dentro, sobre todo en el nivel más bajo, es realmente impresionante, algo novedoso, a veces bien inhóspito y frío que te recuerda la triste historia de los judíos en Europa, especialmente en Alemania, Austria, Polonia, Chequia, Hungría y Ucrania.

El padecimiento de este pueblo empezó hace mucho, mucho tiempo, todos más o menos hemos oído hablar de la expulsión de los judíos de todas partes, pero cuando durante las Cruzadas Cristianas -esas que tenían tan “buenos y cristianos propósitos”-  los cruzados comenzaron a masacrar poblaciones judías por ser descendientes de los que un día muy lejano entregaron a Cristo comenzó de nuevo una época de diáspora y persecución.

Así fue como comunidades muy importantes en Alemania como la de Speier (Spira), Mainz y Worms fueron cruelmente castigadas dando comienzo a un sinfín de persecuciones y castigos contra los del pueblo de David.

Luego cuando en 1348 la Peste Negra diezmó Europa, los cristianos echaron la culpa a los judíos y comenzaron a asesinarlos y martirizarlos impunemente. Y así siguió la Historia de este pueblo, y cuando no los mataban les hacían la vida imposible, prohibiéndoles vivir en las ciudades, desempeñar una serie de profesiones y haciéndoles pagar impuestos más altos y un largo etc.

Los hebreos que llevaban en Europa cientos de siglos, seguían siendo vistos como extranjeros, como indeseables.

Así más o menos estaban las cosas cuando en 1878 un tal Adolf Stoecker funda el Partido Social Obrero con evidentes rasgos antisemitas y se comienza a gestar la “Purificación de Europa” a través de la eliminación de la raza judía y el perfeccionamiento de la raza aria. ¿Qué idea tan estúpida no?

Luego creo que más o menos todos sabemos lo que pasó.

El boicot a los comercios judíos, la segregación de esa comunidad, la imposición de que saliesen con una estrella de David pegada a la ropa, y luego el abominable exterminio masivo de todo aquel que estuviese “contaminado” con esta raza.

Mientras iba leyendo historias personales de cientos de personas que fueron deportadas a campos de concentración y luego asesinadas me pregunté algo que inevitablemente siempre me viene a la cabeza ¿cómo pudo pasar? ¿podría volver a pasar? Y me entra una gran desconfianza hacia el pueblo alemán, pienso si no será algo que aunque pasen años y años aún esté ahí como un virus que infecta y se aprovecha de las células sanas para reproducirse. Entonces pienso en Joana, en Nora, en Fabian, en Kai, en gente joven que he conocido aquí a la que considero que son como yo y que jamás harían algo así. Y entonces me siento idiota por haber hecho un juicio a la ligera.

Holocaustos ha habido muchos, los crímenes de Pol Pot en Cambodia, la masacre de Ruanda, el exterminio de armenios por los turcos, las matanzas en los  Balcanes, pero bien es cierto que de todas las matanzas o limpiezas étnicas que ha habido, la del pueblo  judío ha sido la más trágica, no sólo por la cantidad de personas que murieron, sino por la aparente normalidad con la cual los asesinos iban llevando a cabo sus planes, intentando hacerlo lo más rentable posible, calculando cada aspecto de la cadena que formaba esa maquinaria de la muerte para que fuera eficaz y barata. No creo que se haya visto algo así ni antes ni después.

En un lugar de la exposición permanente del museo hay una reproducción artificial de un granado, pues la granada se considera una fruta muy importante en la cultura hebraica. De ese árbol penden granadas de papel que hay en el museo en las cuales podemos escribir un deseo. La mayoría de la gente escribió: OJALÁ ALGO TAN TERRIBLE NO VUELVA A SUCEDER.

Lo que escribí yo, me lo reservo.

Anuncios

Un pensamiento en “la triste historia de un pueblo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s