Der kleine Prinz


Hoy es mi primer post de este nuevo año, 2010, año que espero que me depare cosas buenas, como todos supongo, y que espero pueda seguir viviendo en Berlín. Digo espero porque como siempre estoy en la cuerda floja, de nuevo sin trabajo, sin dinero, sin poder volver a la escuela porque no puedo pagármela, pero intento no desanimarme. Debería ahora mismo estar en la calle buscando trabajo pero no tengo humor hoy para ello, está nevando, hay -7ºC y prefiero recuperar fuerzas y positivismo antes de lanzarme a la dura tarea de buscar empleo con temperaturas tan inhumanas, que hacen que la experiencia de estar de desempleado y desesperado sea aún más deprimente.

Pero no he empezado este blog para quejarme de mi mala suerte en el ámbito laboral berlinés, sino para hablar de uno de los mejores regalos de cumpleaños que jamás me hayan hecho: Der kleine Prinz. Este no es más que el título de El Principito de Saint-Exupéry, que me han regalado en su edición alemana.  La persona que me lo regaló, mi amiga Joana, no puedo estar más acertada pues es uno de mis libros favoritos, un libro que leo a cada rato porque creo que es una lección de vida, un continuo aprendizaje, de los mejores libros jamás escritos. Ahora tengo el reto de captar toda esa magia en alemán, no sé si lo consiga, pero lo intentaré.

Además de disfrutar con El Principito, para llenar estas horas muertas sin trabajo, sin clases y sin dinero para salir, tengo el increíble desafío de terminar una bufanda que estoy tejiendo desde finales de septiembre si la memoria no me falla. El caso es que la empecé con tremendas ganas, en principio para regalársela a una persona a la cual creo que no le gustará mucho, y al final me la quedaré yo. Me falta muchísimo aún por tejer, a veces creo que estoy como Penélope, tejiendo por el día y deshaciendo lo tejido por la noche, sólo que en este caso yo no espero por Odiseo, sino que simplemente estoy bien vaga y además he estado bien ocupada el último mes y medio.

¿Qué me esperará en los próximos meses? Es una incógnita, ni yo misma sé dónde estaré porque siendo realista no tengo ya cómo sobrevivir aquí, las aventuras tienen eso, y quizá precisamente eso es lo que me gusta, que no hay nada escrito, que tengo un guión por escribir cada día, y he aceptado el riesgo que conlleva vivir como estoy viviendo, al día, sin pensar mucho en mañana.

Os dejo unas frases de El Principito que me encantan:

Todas las personas mayores fueron al principio niños (aunque pocas de ellas lo recuerdan)

Fue el tiempo que pasaste con tu rosa, lo que la hizo tan importante

Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos

Y como El Principito yo también me pregunto: si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya

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3 pensamientos en “Der kleine Prinz

  1. Dicen los Maestros viajeros y escritores Manuel Leguineche y Javier Reverte que no hay que perder nunca el alma de crio en la pasión por la aventura y el descubrimiento,por tener esa actitud a veces no encajo con mucha gente,viajes,aventuras,huir de la monotonia y lo establecido,pero como dicen otros,que nos quiten lo bailado.
    ÁNIMO CLAUDIA
    mi alma cada vez se encuentra más a gusto en ciudades y lugares como Bangkok,el trópico,donde la gente las sonrisas ven la vida con más calor y pasión,donde saco lo mejor de mi mismo en todos los aspectos,como se inicia otro de los libros que cambiaron mi vida….

    “El camino más corto para encontrarse uno a sí mismo da la vuelta al mundo. Me dispongo, pues, a dar la vuelta al mundo. Europa ya no me produce efecto. Harto familiar me es este mundo para obligar a mi alma a nuevas configuraciones. Además, es un mundo demasiado limitado. Toda Europa tiene en lo esencial un solo espíritu. Quiero anchura, dilataciones donde mi vida tenga que transformarse por completo para subsistir, donde la comprensión requiera una radical renovación de los recursos intelectuales, donde tenga que olvidar mucho -cuanto más, mejor- de lo que supe y fui. Quiero que el clima de los trópicos y otros muchos aspectos imprevisibles envuelvan mi ser y actúen sobre mi alma, para ver lo que será entonces de mí. Ya están cortadas las relaciones con lo que me sujeta. Siento en mí la beatitud de la libertad conquistada. De seguro que no hay nadie ahora más independiente que yo. No tengo profesión externa; no tengo familia que me preocupe; no tengo obligaciones que llenen mi tiempo; puedo hacer u omitir lo que me plazca.”

    Hermann Keyserling, Diario de viaje de un filósofo, 1918.

  2. Realmente escribes de tal manera que es una maravilla el leerte, Ánimo!! siempre hay tiempos en contra pero solo el ánimo los hace difíciles o los convierte en oportunidades.

    Saludos desde México

  3. Pingback: Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo | desde otro planeta

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