de cafés y canciones


Wohnzimmer, Prenzlauer Berg

Desde hace unos días salgo cada mañana a la “difícil tarea” de elegir un café donde sentarme a estudiar. Y digo difícil tarea porque si hay algo que puedes encontrar por todo Berlín son cafés de todos tipos: cutres sin estilo, glamourosos (los menos), bohemios alternativos (muy abundantes), cafés de barrios en los cuales familias con niños toma el kuchen (tarta) y disfrutan de los helados en verano. Algo tiene Berlín que hace de estos cafés lugares muy acogedores, donde puedes pasar horas y horas sin querer moverte de allí con el consecuente resultado para el bolsillo y la figura (yo nunca puedo resistirme a probar cuanta tarta hay).

Pues bien, mientras buscaba qué café invadir hoy cual okupa con mis libros, cuaderno, bolis, kleenex y demás, me fijé que del otoño queda bien poco y si hace dos semanas salir a la calle era un espectáculo de color otoñal ahora de ello no quedan más que los restos pues cual migajas tras un gran banquete lo que hay es un extenso manto de hojas secas en las calles y aceras que parecen esperar a que alguien las recoja o a que el viento se las lleve a un lugar muy lejano. Estos días hace un viento potente, frío, que nos avisa que el otoño termina y que quizá en una semana damos la bienvenida al gélido invierno berlinés.

Pero eso aún no ha pasado y mientras escribo esto miro las ramas peladas de los árboles agitarse de un lado a otro, y veo a la hojarasca moverse cual remolino, pero me siento a salvo de todo eso mientras estoy sentada tomando un café en la Hufelandstr.

Normalmente nunca vengo por aquí, y eso que esta parte de Prenzlauer Berg es preciosa, con sus calles adoquinadas, sus edificios antiguos de cuatro alturas, todos bien pintaditos y cuidados, y sus tiendas recoletas, la mayoría de adornos para la casa hechos en talleres berlineses, manualidades de gran delicadeza pero algo caras por ser producción artesanal. También hay algunas librerías bien interesantes, creo que es en la Marienburgerstr. donde hay una librería de libros en inglés que es una maravilla, ahí es donde quiero comprarme A time of gifts de Patrick Leigh Fermor, un libro que un amigo al que no conozco (suena raro no?) me ha recomendado encarecidamente. Ahora que trabajo puedo permitirme el lujo de comprar libros nuevamente.

A los cafés de Prenzlauer Berg les pega la música de Yann Tiersen, sé que suena rebuscado pero es así. Me encanta Tiersen y tengo bastante música suya en el móvil, no sólo las bandas sonoras de Amélie o de Good Bye Lenin! (que para mí es la música de Friedrichshain), también sus canciones de C’etat ici o de Tout est Calme, piezas preciosas para escuchar mientras recorro el barrio con mi bici, es algo muy personal, y no sé si seré capaz de explicarlo bien, pero cuando voy por estas calles de “mi barrio” oyendo a Tiersen, creo en el destino, en que tenía que venir aquí a descubrir cuán feliz se puede ser sólo por el hecho de estar enamorada de una ciudad.

Berlín puede ser pobre, desesperante a la hora de encontrar trabajo, frustante por las pocas expectativas profesionales que me ofrece, pagadora de míseros sueldos, pero todo ello lo olvido cuando salgo a la calle y vuelvo a ver esta gran urbe que a veces parece sólo un barrio inmenso.

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Un pensamiento en “de cafés y canciones

  1. Buenos garitos si,otros lugares asi son los tremendos garitos que uno se cruza en Lisboa.con esa mezcla tb de bohemia y buen vivir,y esos restaurantes,tascas,tasquinhas,donde la cocinera se ve en delantal y el camarero en bigotes,ummm,me derrito solamente de pensar en un bacalhau ao bras y una buena cerveza superbock

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