Veinte años después de la Caída del Muro


Cuando llegué a Berlín hace casi 7 meses encontré en muchos puntos de la ciudad grandes paneles que informaban sobre la historia del Muro de Berlín. En lugares como el Checkpoint Charlie, Alexanderplatz o la Bernauestr. se podía ir leyendo el infame currículum del Muro.

torre de vigilancia del muro

Hace casi 4 años, cuando vine a Berlín por primera vez no los ví, luego me di cuenta que estos paneles formaban parte de la celebración del 20 Aniversario de la Caída del Muro el 9 de noviembre de 1989. Desde ese momento en que fui consciente de que este año se celebraba el vigésimo aniversario de aquel momento histórico rogué para tener la oportunidad de estar en Berlín el día de la conmemoración y poder celebrarlo junto a miles de berlineses, de alemanes y demás personas que aman esta ciudad.

Ayer pude cumplir ese sueño y me siento muy afortunada por ello.

El 9 de noviembre de 1989 yo tenía 7 años y vivía en La Habana, Cuba. Eso significa que para nosotros en Cuba se caía un pilar de “nuestros” ideales, de “nuestros” sueños. La RDA desaparecía y poco después la Unión Soviética. Nuestro pequeño país se quedaba así solo en su “lucha contra el Imperio y el capitalismo”, y Cuba estuvo durante unos años relegada al ostracismo que “nuestro” Comandante en Jefe nos había impuesto. Fueron años oscuros, sí que lo fueron.

Pero volviendo al Muro y su caída, no recuerdo claramente en qué momento lo supe. De hecho creo recordar que en Cuba tardaron en darnos la noticia, intentaron esconderlo. ¿Cómo podía fallar el maravilloso sistema comunista? ¿Cómo podía haber fracasado nuestro país hermano y con él también las antiguas repúblicas soviéticas y el bloque del Este en general?

East Side Gallery, restos del infame muro

Mi padre vió la Caída del Muro en la televisión, en directo, fue quizás de los primeros cubanos en verlo. Pero mi padre no estaba en Cuba en ese momento sino en Bruselas, Bélgica, participando en una conferencia. Esa noche nos llamó a Cuba y le contó a mi madre que el Muro de Berlín había caído.

Dos años antes, en 1987, mi padre pudo ver el Muro y un Berlín dividido. Formaba parte de un grupo de químicos que estaban asistiendo a un curso en la antigua RDA patrocinado por las Naciones Unidas para el desarrollo industrial. Tuvo la suerte de ver Berlín dividido -y digo suerte porque a pesar de que creo que el muro fue una vergüenza y un sinsentido, creo que el poder ser testigo de aquella historia, el haber visto aquel Berlín, es de alguna manera una suerte.

Cuando mi padre volvió a Cuba no recuerdo que nos hablara del Muro, eso para nosotros -mi hermano y yo- era algo “normal”, estábamos “acostumbrados” a las anormalidades del sistema comunista. No se nos ocurría pensar en ¿cómo se puede encerrar a la gente en una ciudad? ¿cómo se pueden construir muros, pasos fronterizos, alambradas y demás para dividir a un mismo pueblo, para impedir que los ciudadanos de una parte de la ciudad vayan a la otra? Por supuesto que a los 7 años yo no me lo preguntaba, a los 7 años leía revistas Sputnik, veía la serie de la RDA El Viejo, me gustaban los “muñequitos rusos” (término con el cual en Cuba designamos a los dibujos animados del Este, no sólo de la antigua Unión Soviética) y me divertía yendo a la playa o a montar en los restos de los aparatos del Coney Island (antiguo parque de diversiones) en la Playa de Marianao (Ciudad de la Habana).

Veinte años después mi vida es bien distinta, como supongo que la vida de las personas que vivían en la RDA o en la URSS en ese momento. Veinte años después tengo casi 30, no vivo en Cuba, de hecho hace 10 años que no he vuelto a mi país, y veinte años después celebro la Caída del Muro, esa que no pude festejar hace dos décadas porque si lo hubiese hecho mis padres -que seguro lo celebraron en la intimidad de casa- habrían sido detenidos y encarcelados y yo hoy no estaría aquí.

Quizá porque la RDA forma parte de mi infancia y también yo tengo un poco de Ostalgie (nostalgia del Este) -aunque no porque crea que fue una época mejor sino porque precisamente me recuerda cuando era una niña con mil sueños, mil ilusiones, muchísimas utopías-, desde que vivo en Berlín he sido una adicta a la historia del Muro, he recopilado muchísima información sobre el tema y a cada rato vuelvo una y otra vez a preguntarme ¿cómo pudo pasar?

Berlin-wall-map

La mañana del 13 de agosto de 1961 Berlín amaneció dividida, no sólo por ideas políticas, no sólo por sectores de influencia o por diferencias de sistemas de gobierno, no bastó con la creación de dos Alemanias, ni con enfrentar a dos pueblos, esa mañana había un elemento físico que separaba esta ciudad, una alambrada que impedía que los ciudadanos del Este y el Oeste de la ciudad pudieran comunicarse. Inmediatamente después se construyó el Muro, que para ser más efectivo era doble, un muro daba al Este y el otro al Oeste. Entre ambos muros se dejó un espacio de unos 20 metros en la mayor parte de su recorrido (a veces más), que se conoció como “la franja de la muerte” pues estaba constantemente vigilada, había minas antipersonas, barreras antivehículos y antitanques, policías patrullando con perros constantemente, torres de vigilancia con tiradores encargados de disparar a quien intentase huir del Berlín Este. Paradójicamente y como sólo ocurre en las dictaduras totalitarias, el muro fue justificado por el SED (Partido Socialista Unificado de Alemania) como una “Barrera de Protección Antifascista”. Antifascista. Si no fuera porque durante 28 años los berlineses y en general los ciudadanos de la RDA vivieron encerrados en su propio país, me echaría a reír.

Fascismo según Wikipedia:

El proyecto político del fascismo es instaurar un corporativismo estatal totalitario y una economía dirigista, mientras su base intelectual plantea una sumisión de la razón a la voluntad y la acción, un nacionalismo fuertemente identitario con componentes victimistas que conduce a la violencia contra los que se definen como enemigos por un eficaz aparato de propaganda, un componente social interclasista, y una negación a ubicarse en el espectro político (izquierdas o derechas), lo que no impide que habitualmente la historiografía y la ciencia política sitúen al fascismo en la extrema derecha y le relacionen con la plutocracia, identificándolo algunas veces como un capitalismo de Estado,o bien lo identifique como una variante chovinista del socialismo de Estado.

Creo que el sistema de gobierno que tanto el SED como la Unión Soviética implantaron en la República “Democrática” Alemana estaba muy cercano al fascismo, así que me parece una ironía que dijeran que el Muro era una barrera de protección antifascista.

Imagínense lo que debió ser despertarse una mañana y ver que no puedes cruzar una calle porque está prohibido, porque un muro y la ignorancia te lo impiden. Familias y amigos quedaron separados durante 28 años. Muchas veces me imagino viviendo en el Este y desde mi casa ver un edificio que se encontrase en el Berlín Occidental, y ver las luces de otros apartamentos, quizá hasta oír la música de alguna fiesta y pensar y soñar con algo mejor, con ¿qué hubiera pasado si viviera en Berlín Oeste? Sí, este es un pensamiento recurrente, no dejo de imaginarme una historia así, porque creo que fue durante casi 3 décadas la obsesión de muchos berlineses.

Así que hoy, 20 años después voy a ir al primer puesto fronterizo que se abrió la noche del 9 de noviembre de 1989: el puesto de Bornholmerstrasse.

De los 7 pasos fronterizos que había en Berlín el de Bornholmerstrasse, entre Pankow y Wedding, era el más septentrional. El puesto fue construido en la entrada del puente que hay en la Bornholmerstr., el Bösebrücke. Por este puesto fronterizo los ciudadanos de la Alemania Occidental podían pedir un pase para atravesar Berlín Oriental (pase de unas horas) o para visitar a familiares (también duraba unas horas y había una larga lista de restricciones).

La noche del 9 de noviembre del 89, miles de ciudadanos vinieron a este puente a pedir que los dejaran pasar al Berlín oeste tomando así la palabra del Ministro de Propaganda del gobierno, Günter Schabowski, que durante una rueda de prensa algunos minutos antes había dicho (por equivocación) que se levantarían las restricciones a los ciudadanos de la RDA para viajar a la RFA.  Entonces todo sucedió vertiginosamente, el Muro comenzaba a ser historia. En unas horas unas 20 mil personas atravesaron el Bösebrücke para pasar a la RFA. Entre esas personas estuvo la actual canciller alemana: Ángela Merkel, que vivía en la RDA, cerca de la Bornholmerstrasse. Ayer, 2 décadas más tarde, Merkel volvió a cruzar el puente, recorrió el mismo camino, esta vez la acompañaban Mijail Gorbachov y Lech Walesa, figuras claves para el fin de la RDA.

Puente de la Bornholmerstrasse

Tuve la suerte, el privilegio, de estar allí. Durante 3 horas esperé en primera línea para poder ver tal acontecimiento. Hacía frío y lloviznaba y casi no sentía los dedos de los pies de estar tanto tiempo parada y casi inmóvil, pero valió la pena, puedo decir que he sido testigo de un momento con el que hace apenas un año ni siquiera soñaba. Fue un momento de gran emoción, eché en falta a mi padre, me hubiera gustado que estuviera allí conmigo. No pudo ser pero le llamé para contarle lo que estaba pasando, lo que estaba viviendo y sobre todo, para agradecerle por ese momento, de no ser por él yo nunca habría visto a Merkel, a Gorbachov, a Walesa, recorriendo el camino que miles de personas recorrieron hace 20 años. De no ser por mi padre yo no estaría aquí y Berlín no sería más que un sueño lejano. Y de no ser por él y por mi madre yo no sería quien soy, no defendería mis ideas de la manera que lo hago, no tendría ese interés por la Historia que tengo, no conocería tantas y tantas cosas que conozco ni tendría la preparación intelectual pero también de vida que tengo hoy. Gracias papi, gracias mami, gracias por haber hecho de mí quien soy.

 

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