comienzos


Bueno, finalmente tras tanto decir que voy a escribir un blog, materializo mis intenciones y comienzo de una vez por todas. Es curioso porque este blog no lo he comenzado frente al ordenador sino con una libreta y un boli sentada en un café mientras hago tiempo para visitar un piso. Así que todo lo que escribiré hoy, en realidad forma parte de ayer.

Quizá debí comenzar este blog hace 6 meses cuando llegué a Berlín, y de hecho escribí algunas cositas en otra página  pero no fui lo suficientemente constante para continuar, demasiadas cosas nuevas, demasiadas sensaciones, poco tiempo libre para escribir, demasiadas ideas, demasiado Berlín.

Pero hace 2 noches encontré un blog que me pareció muy inspirador, estuve leyendo hasta las dos de la madrugada las historietas de una chica que hace dos año vino a estudiar a Berlín. Curiosamente a medida que iba leyendo me sentí muy identificada con sus historias, con sus sensaciones, su escritura creó un efecto adictivo en mí al punto que casí llegué a leer sus dos años en Berlín en un par de horas. Y el blog tiene muchas entradas.

En fin que pensé que ahora que tengo tantas horas libres ¿por qué no escribir? El tiempo que pasa ya no volverá, es cierto, pero si al menos escribiendo luego con el paso de los años puedo revivir aunque sea el 50% de lo que he vivido y estoy viviendo aquí, entonces será una de las mejores inversiones de tiempo que haya hecho. Porque Berlín es sencillamente maravillosa, y mi vida aquí ha sido la mejor de todas las vidas que he vivido, y eso que ya he vivido unas cuantas.

Pues hoy me he despertado con el firme propósito de salir de casa, no de la mía sino de la de una amiga en cuya casa me estoy quedando. Llevo 11 días pernoctando en su salón sobre un sofá-cama de Ikea que al principio quería destrozar  mi columna, sus duras tablas acarician mi espalda cada noche y hubo un día que me desperté más cansada que al acostarme, pero luego le dije: mira sofacito de esa multinacional sueca que vende barato y bonito pero no es muy ergonómica, yo he sobrevivido a las literas de escuelas al campo en Cuba, a jergones de youth hostels y dudosas pensiones europeas, a colchones inflables y al tresillo incomodísimo de casa de mis padres, como para que tú me quieras poner las cosas difíciles justo ahora que necesito de todas mis energías para salir adelante, conseguir trabajo y piso, o piso y trabajo, así que olvídate de mí por una temporada y te prometo que te trataré bien, le pasaré la aspiradora a tu colchoncito de vez en cuando, te cubriré con tu colchita e intentaré que Paco -el perro de mi amiga-  no te moleste mucho.  Y creo que el pacto ha funcionado porque las últimas noches he dormido como si estuviera en una cama de las de verdad. Extraño la cama que tenía en mi antiguo piso, una cama rara, hecha por un tipo raro, pero eso es otra historia.

Pues como iba diciendo hoy me desperté con la resolución de ir a buscar trabajo, visitar dos pisos, pedalear por Berlín. Pero al salir y coger la bici casi me arrepiento, es otoño en Berlín pero para mí esto es invierno, 6º C creo que había, una lluviecita impertinente y las nubes tan bajas que parecía de noche. Suerte que la música me anima mientras voy en la bici y pronto entré en calor. Lo primero que hice fue ir a la pizzería más famosa de Berlín que siempre está tan llena que supuse que buscarían personal. Me dicen de volver a las 5 para hablar con el encargado…bueno, al menos es algo.

Tengo una cita a las 15:45 para ver un piso en Sonnenallee, en la parte sudeste  de la ciudad, en lo que ahora llaman Kreuzkölln, es decir, entre Kreuzberg y Neukölln. Son las 14 así que tengo suficiente tiempo. Cojo la bici de nuevo y paso cerca de Alexanderplatz, recorro  parte de la Karl-Marx-Allee y al llegar a Strausberger Platz bajo para cruzar el Spree. Es curioso, al llegar a Engeldamm veo un graffiti que reconozco enseguida, lo acabo de ver en el blog de Paula, la chica que vive en Berlín. Ella cuenta en su blog que yendo en la bici lo vió y le pareció muy bonita la frase y por eso le hizo una foto. Justo hoy lo encuentro yo, no tenía ni idea de dónde estaba esa frase escrita y de repente la encontré. ¿Casualidad? Creo que en 6 meses es la tercera vez que paso por esa calle, lo cual dicho sea de paso significa que paso poco por allí. Como llevaba la cámara conmigo -pues estoy fascinada con el otoño berlinés y ahora llevo la cámara a todas partes- aquí tenéis la foto que tomé.

pintadas

La frase dice: die Grenze verläuft nicht zwischen oben und unten sondern zwischen dir und mir y sería algo así como: las fronteras no transcurren entre arriba y abajo sino entre tú y yo.

Lo más curioso de la frase es que es una variación de otro graffiti que es bastante conocido y que se encuentra muy cerca de este, en la Köpenickerstr. 137, en un edificio que fue “okupado” en 1990 por artistas y demás tras la caída del muro. Hoy este edificio, conocido como Köpi, es una centro cultural gestionado por un colectivo “okupa” que organiza actividades tales como conciertos, pase de películas, exposiciones y demás.

die Grenze verläuft nicht zwischen den Völkern sondern zwischen oben und unten

Kopi

Köpi. El texto dice: die Grenze verläuft nicht zwischen den Völkern sondern zwischen oben und unten.

Las fronteras no transcurren entre los pueblos sino entre arriba y abajo.

Y tras este agradable encuentro con el graffiti seguí mi camino hasta Schlesisches Tor. Qué recuerdos me trae el ir por aquí, paso por la Oppelnerstr. la calle en la que dormí dos noches al llegar a Berlín. Bueno, que nadie me malinterprete, no dormí en la calle sino en un apartamento que alquilan por días en esa calle. Recuerdo esas primeras horas en Berlín, mi corazón galopaba, no podía creerme que lo hubiera hecho, que estuviese aquí, un sueño hecho realidad, una nueva vida por comenzar, una nueva aventura, la oportunidad de empezar de nuevo, no de cero porque creo que nunca empezamos de cero pues llevamos con nosotros un equipaje incorporado que no nos abandona, pero sí la oportunidad de empezar otra vez.

A medida que pasaba junto a Görlitzer Park me iba fijando en los colores otoñales, en la gama tan variada de amarillos, naranjas, rojos, rosas, verdes que tienen ahora mismo las hojas de los árboles. Es un espectáculo aparentemente tan simple, algo que parece tan sencillo como es el paso de una estación a otra ha cambiado por completo el color de la ciudad, de su cielo, de sus parques, de las calles y aceras cubiertas con un manto de hojas diferentes colores que hacen que Berlín parezca que está mudando de piel, cambiando de vestido, preparándose para una ocasión especial. Creo que el otoño es mi estación favorita si tuviese que decidir por los colores y la apariencia de las calles, de la ciudad. Disfruté mucho con la primavera es cierto, y aún más cuando llegó el verano, y si tengo que elegir me gustaría que siempre fuese julio o agosto, pero el otoño en Berlín es precioso.

Paré a hacer algunas fotos que ya iré poniendo y fue raro notar que Kreuzberg me pareció más bonito, más habitable. Es curiosa la relación que tengo con este barrio. Al llegar a Berlín me encantaba, y de hecho me sigue pareciendo un barrio muy pintoresco y bonito, pero tras casi 6 meses viviendo en Prenzlauer Berg ahora Kreuzberg me parece muy turístico, muy de paso, el típico sitio lleno de pisos de estudiantes Erasmus y artistas y demás gente de paso por la ciudad. Los que conozcan Prenzlauer Berg sé que pensarán: Prenzlauer también es turístico, está lleno de niños, de embarazadas, también hay extranjeros. Pero en Prenzlauer también hay muchas familias, es muy de barrio y me parece más Berlín, más genuino. Es una impresión muy personal que por supuesto está relacionada con mi experiencia viviendo allí, es un barrio que tiene un lugar muy especial en mi corazón, donde hice mis primeros amigos, donde tuvieron lugar las primeras salidas, risas, fiestas, donde está Schönhauser Allee 72…donde viven Andrea y Paco, donde también está el Mauerpark con su karaoke de los domingos al que no falto ni ahora que hace un frío que pela.

Como he dicho, hoy Kreuzberg me pareció más habitable, más cercano.

Llego a Sonnenallee, sí, no es la mejor zona de Berlín, el barrio nunca me ha gustado, de hecho viví 3 semanas muy cerca de aquí y siempre dije que no volvería -pero bueno, la habitación cuesta sólo 172€ con todos los gastos incluidos. El cuartucho -no se le puede llamar de otra manera- es enano, con un camastro, bueno, ni camastro, sólo colchón individual encima el suelo, no hay escritorio ni armarios ni nada, sólo una silla y una mesita minúscula, ¡pero al menos hay una ventana! Por si algún día me levanto tan desesperada que quiero lanzarme al vacío, jaja, estoy siendo sarcástica, no tengo intenciones de morir de una manera tan vulgar.

Pues eso, la “habitación” horrible pero es por poco dinero y yo lo que quiero es ahorrar al máximo el dinero que me queda para poder quedarme en Berlín la mayor cantidad de tiempo posible. El chico que me enseña el apartamento es portugués, va de simpático pero no lo es, la casa entera es bien fea, no hay más zona común que la cocina que es un desastre, pero bueno, la razón para no coger esa habitación no fue esa sino que había que firmar contratos, papeles, etc. y yo ahora mismo no quiero verme comprometida con nada.

Al salir de allí pienso que algo mejor aparecerá seguro. Berlín está llena de pisos, habitaciones que se vacían cada 2 x 3, hay un constante flujo de entradas y salidas, nuevas WGs, nuevos compañeros de piso, nuevas amistades que comienzan, otras que se acaban, es lo que tiene esta ciudad, mucha, muchísima gente de paso. Se podría decir que es la ciudad del año sabático pues está llena de gente que viene a tomarse un respiro que se convierte más bien en un hondo suspiro por la intensidad y también por la pena que produce el no encontrar trabajo y tener que dejar la ciudad.

Bajo por Kottbuser Damm hasta Ohlandstr., atravieso Görlitzer Park, vuelvo a Schlesisches Tor, cruzo el Oberbaumbrücke y paso junto a la East Side Gallery, el trozo de muro de Berlín más largo que queda en la ciudad. Creo que desde junio no pasaba por aquí. Aún lo están repintando para conmemorar el 20 Aniversario de la Caída del Muro. Son las 16:20 y ya casi es de noche, y la calle tiene una luz especial.

east side gallery

Saco la cámara, hago fotos, me siento tan tan afortunada de estar aquí. Esta ciudad es inabandonable, no me imagino viviendo en otro lugar, no me imagino dejando Berlín, no me imagino no ver la torre de Alexanderplatz cada día, no sentir el ruido del tranvía, no tomar los latte macchiato (i) de las tardes, las cervezas en el Club der Visionäre o en Zu mir oder zu dir. Simplemente duele mucho como para hacerse a la idea. Jamás en mi vida había sentido esto, nunca me he sentido de un lugar con la intensidad que me siento “de Berlín”, ni siquiera en mi Habana natal. Cosas de la vida.

Sigo en la bici, voy a la pizzeria, me dicen que no necesitan a nadie que en invierno no tienen mucho trabajo que vaya a otra pizzería italiana que hay en Friedrichshain a ver. No me desanimo, sé que algo aparecerá y Berlín merece este sacrificio. Llevo horas en la bici, sigue habiendo frío y llovizna pero estoy tan feliz. Vuelvo a hacer casi el mismo camino recorrido pero esta vez no cruzo a Kreuzberg sino que voy a Friedrichshain. No hay suerte con lo del trabajo pero como tengo que ver un piso en la zona  a las 21:30 pues aprovecho para quedarme allí.

Me voy al Alice Gryphius, un Café & Kunstraum (sala de exposiciones) que hay en la Gryphiusstr. y lo lleva una chica española. Vine aquí hace como un mes para un cumpleaños y me gustó mucho el lugar, tipo salón de casa con muebles variopintos, muy acogedor y original. Hay un detalle que me encanta, una escalera de pintar puesta en la pared en horizontal, se aprovechan los travesaños para colocar libros, a modo de estantería, ¡queda tan bien!

Tomo una crema de calabacín y un té, prácticamente mmi única comida del día, y mientras comienzo a escribir este blog de hoy.

A las 21:15 me marcho a ver el piso, buena localización, me encanta la zona. Y este apartamento es justo lo contrario del que ví esta tarde en Kreuzkölln. Es precioso, se ve muy limpio, todo reformado, muy acogedor. Al llegar hay dos personas más para “el casting de compañero de piso”, pero creo que a pesar de mi horrible alemán tengo posibilidades.

Las chicas que viven en el apartamento son dos alemanes muy jovencitas, creo que unos 21-24 años. Una estudia diseño, la otra es actriz. Me preguntan que qué hago en Berlín, esa es la pregunta más difícil que últimamente pueden hacerme. ¿Qué hago de profesión? Nada. ¿Por qué vine a Berlín? Porque me quedé sin trabajo y me encanta la ciudad? En fin, cuesta a veces explicar.

Mientras miro la increíble cocina que tienen pienso en que si esta gente no me llaman y me eligen a mí me dará mucho bajón, es el lugar ideal, perfecto. La habitación está bien de tamaño, con una ventana bien grande, cama grande, un escritorio. Da gusto vivir allí.

Tras un poco de conversación llega otra posible inquilina del que quisiera que fuera mi habitación, así que al poco rato me despido, pero antes juego mi mejor baza diciendo que soy muy buena limpiando, eso a la gente como esta les gusta pues tienen el piso impecable.

Y una vez más vuelvo a coger la bici para volverme a Prenzlauer. Sigue haciendo frío, ahora incluso más, son casi las 22, las calles están semidesiertas, poco tráfico así que puedo ir más relajada. Tardo 30 minutos en llegar a casa de mi amiga Andrea, agradezco el momento en que atravieso la puerta y siento la tibieza de la calefacción. Qué bueno es llegar a casa, aunque no sea la mía.

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Un pensamiento en “comienzos

  1. Suerte con la aventura del Blog,espero que te vaya bien y puedas proyectar cosas con el,ya sabes,como todo en la vida lleva tiempo y trabajo.
    Japón is over para mi,otro país que dejo atrás,aunque volveré en el futuro.
    China me espera de nuevo
    Cuidate
    Iván

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